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Zaira reseña a Christian Ibarra (Puerto Rico)

Christian Ibarra. La vida a ratos. San Juan: Editorial Aventis, 2008

“Se le pierde la mirada y me sonríe. Ella no sabe que quiero ser como ella y no saber del tiempo. Ella no lo sabe.”

Intentamos escapar a diario. De algo, de una realidad que nos espera a la vuelta de la esquina, del tiempo que nos castiga con su irremediable naturaleza depredadora. A veces la cotidianidad nos apaga un poco. Nos aleja de lo que pudiera ser, de lo que pudo haber sido. La rutina nos carcome como la polilla que se instala en lo más recóndito de una antigua casa. Pero en La vida a ratos la mirada atenta y poética hacia todo lo que representa la simplicidad del devenir, se instala con una ternura imperceptible, y realza todo aquello que nos parece superficial e innecesario. El lector súbitamente se da cuenta de que no somos los que transitamos por el espacio, sino que, es el medio mismo el que nos recorre. Un alrededor que cobra vitalidad y es capaz de correspondernos.  Para  el autor los objetos y sus respectivos espacios se convierten en una parte integral de la condición humana:  

Más que una evocación nostálgica percibo un homenaje a la fragilidad humana y a lo inanimado.  Aquí lo inútil, lo moribundo, lo perecedero, cobra una importancia inusual.  Esta se manifiesta desde distintas perspectivas. Desde los ojos de un joven que está obsesionado con los pies que ,según él, son los que resguardan la memoria del hombre, hasta una paloma que extraña. Ciertamente existe una fijación hacia la ausencia que se manifiesta sobre todo en el cuerpo. Tenemos una serie de personajes que carecen de extremidades o de las facultades humanas básicas. En el relato “Manos” nos topamos con una figura femenina que ha sufrido un trasplante:

(…)Los recuerdos que guardaba de sus manos eran pocos. Aún así guardaba algún recuerdo. Ahora abraza, aplaude, acaricia, hasta cocina con otras manos y trata de enfrentarlo. Alba Lucía a la edad de cinco años tocaba el piano. Su madre era su más fiel admiradora. Alba al poco tiempo de acoplarse a sus manos nuevas logró tocar el piano. Su  madre dice que no, que no se acostumbra a la música que ahora toca Alba, extraña la música de las otras manos.

Aquí las manos son persona. Parecerían cobijar toda la humanidad de Alba. Se pierden, se marchan y son sustituidas por otras. El lector no se enfoca en lo triste de una amputación, en lo trágico que pudo haber sido. En todo caso, se imagina cómo era  la música que producían  las otras manos. Son otras las interrogantes que surgen en los textos de Christian Ibarra. Constantemente hallamos posibilidades de lectura inesperadas. En el relato Irse experimentamos otro tipo de ausencia:

(…)Te podías ir de un parque y dejar ahí abandonadas ciertas hojitas, que quizás quisiste por un rato, sin que necesariamente esto te incomodara mucho. Irte de un bar, o salir contento de la biblioteca porque encontraste lo que no buscabas. Encontrar lo que buscabas no te llenaba del todo, al contrario. Siempre fuiste el último en irte del cine. Te gustaba ver cómo quedaba todo después de la multitud.  A decir verdad, irse te complicaba un poco. Alejarte del mar por ejemplo, te dejaba un pequeño “hueco” que hasta hoy, no has sabido explicar.

No sabemos a quién le dirige estas palabras el autor implícito, pero tampoco tiene mucha importancia.  Basta con reconocer  la ausencia del ser en medio del adiós cotidiano. Sin saberlo nos enfrentamos a una continua despedida. Nos movemos de un lado a otro dejando atrás nada y a la vez todo. Renunciamos a lo que nunca tuvimos. Quizás este libro exige que nos detengamos.Que realicemos una pausa del afán baladí. Que nuestra mirada apresurada comience a reconocer pizcas de vida en lo que despreciamos. Aún así, no me parece que es una literatura que explota la sensibilidad humana desde la crudeza. Al contrario, explora cuidadosamente la tragedia desde una perspectiva poética. No se trata tampoco de un vago romanticismo que se inserta para amortiguar la lágrima. Aquí también se juega con la palabra para que el texto se proyecte ameno. Lo lúdico obtiene un papel protagónico en la antología:

Elija uno o más, de los símbolos que se muestran a continuación.
a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.
Júntelos como estime conveniente. Escriba, escriba y hable de una estrella y un pajarito. Haga que vuele la estrella y brille el pajarito.

Indudablemente, el libro es una caja de sorpresas. Cada frase junto con su correspondiente signo ortográfico tiene un propósito. Las pausas, las enumeraciones, los silencios, funcionan conforme a una solapada arquitectura rítmica que es necesaria para trabajar el relato breve. También los finales son el sello que evidencia el alto calibre del escritor. Funcionan como una leve bofetada que  aunque no queramos nos insta a pensar.

Es tan acertado el manejo de las ideas y del lenguaje no rebuscado, que la voz figura con suma naturalidad. Aquí la mirada es clave. Pero se emplea otro tipo de focalización.A diferencia de la observación realista-naturalista decimonónica basada en largas adjetivaciones y descripciones sustentadas en un proceso científico, el autor no cuenta una, sino múltiples historias mediante la frase, el instante. Es una mirada fugaz pero precisa. Tan rápida que no deseamos que se nos escape. Con el poder de una sola oración el tiempo pareciera detenerse en una brevedad que nos congela.

Me he sumergido en la lectura de estos cuentos en incontables ocasiones. Y es que cada historia, cada personaje, resultan de una familiaridad indecible. Siento que en algún momento los he conocido; me he cruzado con ellos en la calle. Que alguna vez recibí una llamada telefónica.

Nos atrapa esa dimensión de  realidad que convive con la imaginería poética que el autor nos pincela. Aquí hay un buen balance de recursos poéticos y prosa. Lo uno no deja ser aplastado por lo otro. Esto es un elemento que es difícil de encontrar en este tipo de literatura. El autor solo  logra que cada personaje sea de carne y hueso y asimismo se instale en la metáfora. Ansío la segunda publicación de Christian Ibarra que no dejará de sorprendernos con su ingenio creativo. ¿Acaso su poesía será igual de mágica?  No tengo la menor duda.

Zaira Pacheco (San Juan, 1987) es egresada del Departamento de Estudios Hispánico de la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras). Tiene un Master en Lengua española y literaturas hispánicas  de la Universidad de Barcelona, donde es actualmente estudiante cdoctoral con una tesis sobre el escritor Manuel Abreu Adorno

Un comentario el “Zaira reseña a Christian Ibarra (Puerto Rico)

  1. Amanda
    octubre 24, 2012

    en que año fue publicada esta reseña por Zaira?

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Esta entrada fue publicada el mayo 1, 2011 por en Ficción, Puerto Rico.

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