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Mara reseña a Nicole Cecilia Delgado (Puerto Rico)

Delgado, Nicole. añosluz. Guatemala: Vueltagato; México: (H)onda Nómada, 2010.

Vuelvo a tener esa experiencia. La anomalía del túnel. Un extraño lugar en un extraño lugar en un extraño lugar donde hay ojos.

(Dos para ser exacta, un solo- exacto par de ojos)

Nicole Cecilia Delgado

(…) la luna derrite una por una todas las baldosas de la pared hasta abrir un boquete por donde pasan imágenes, películas que hablan de nosotros y de nuestras lecturas y del futuro rápido como la luz y que no veremos.

Auxilio en Amuleto de Roberto Bolaño

Añosluz es el séptimo de los trece libros de Nicole Cecilia Delgado,  puertorriqueña nacida en 1980 con una extensa trayectoria como poeta, editora y traductora. Este libro fue publicado primero en Ciudad de Guatemala por Vueltagato editores y en México por (H)onda nómada ediciones en el 2010. El libro comienza con un poema titulado 2010 que funciona como prólogo de la tres secciones que son “añosluz”; “la mística sexual del Che Guevara” y “destinatarios múltiples”.

Comienzo con estos epígrafes porque tengo la impresión de que añosluz es sobre la distancia que hay entre dos puntos. A veces, el sentido, esa bisagra de la comunicación, parecería estar a “añosluz”; pero otras veces experimentamos la certeza inhóspita del contacto, del entendimiento, del conocimiento.

Hay muchísimas referencias a los túneles en la escritura latinoamericana del pasado siglo. Aunque los ejemplos más conocidos vienen de novelas, todos remiten al túnel desde lo poético. De El túnel de Ernesto Sabato a Paradiso de Lezama Lima, la visión tunélica señala en mayor o menor grado el sentido de una ausencia, ese que Alejandra Pizarnik reconoce “por su sombra unida tan suave a mi nombre” (66), que reúne fragmentos de la existencia en una totalidad. En Amuleto de Bolaño, Auxilio, la protagonista, tras la toma por parte de los militares de la UNAM en el 1968, pasa a tener una serie de experiencias tunélicas, extrañas visiones, que la hacen pensar que es la madre de la poesía latinoamericana, y que llevan su visión “añosluz” a predecir lectores del futuro: “César Vallejo será leído en los túneles en el año 2045. Jorge Luis Borges será leído en los túneles en el año 2045” (256-58).  “Un futuro rápido como la luz” dice Auxilio.  En todas de algún modo el túnel sirve para hablar de aquello que el presente no explica. Un dar cuenta que se configura mejor por los hiatos temporales de la percepción tunélica.

Como en Amuleto, la voz lírica de “añosluz” dice: “estoy perdida en el túnel de los grandes acontecimientos y los espejos rotos” (41). El signo del túnel del que habla Nicole es también el colapso de esa distancia entre percepciones temporales aparentemente alejadas pero en contacto. Trayecto que es escritura: Tiempo soslayado en 2010; ars amatoria a un amor descarnado en “añosluz”; cuerpo-fantasma en “La mística sexual del Che Guevara” y anacronismo y epístola en la tercera y última sección “Destinatarios múltiples”. El poema es esa forma que se transita. Cada palabra tiene su túnel al final del cual hay un “solo- exacto par de ojos”, como cuando dice:

Escribo

Este poema inevitable y carnívoro

El medio camino al que nadie ha puesto nombre

La distancia entre los puntos cardinales y la aduana

Eso que se escinde en las clasificaciones

Tránsito

Velocidad

El metro del df abrirá una nueva ruta.

Los números se vuelven importantes:

cero a la derecha

cero a la derecha

cero a la derecha

(“intento el vacío”, 15)

La escritura de añosluz es distancia que va de un punto a otro, que se acerca (o se aleja), pero el ojo de la poeta es un ojo avizor, que se antecede “a las aduanas” y que como el metro del DF, “abrirá una nueva ruta”.

Desde su primer libro, publicado por una editorial colombiana, la obra de Nicole ha sido constante en su errancia con publicaciones que han salido en Nueva York, Ciudad de México, Cuernavaca, San Cristóbal de las Casas y Guatemala, devenires y lazos afectivos presentes en su creatividad con un fuerte sentido de acción comunitaria, de proceso. Por eso, se puede pensar que sus publicaciones hacen un viaje inverso al de la economía colonial pues van desde Latinoamérica a la isla. Sin embargo, la poesía de Nicole ha adquirido visibilidad en el contexto local de su país natal gracias a su actividad editorial cibernética como editora de su blog Rabietario y por su gestión cultural como co-fundadora (junto al poeta Xavier Valcárcel) de la primera editorial cartonera en Puerto Rico, Atarraya Cartonera, que utiliza materiales desechados por grandes tiendas multinacionales para realizar libros a mano.

Es por esta errancia y a la vez visibilidad de su escritura que el signo del túnel adquiere una precisión especial y teorizable. En su poesía la escritura ha adquirido otra vigencia pues las formas imaginarias y materiales de su poesía disienten del consumo y el flujo de mercancía colonial (pensando en Duchesne). Dentro de las solapas hay una errancia que responde al mundo con la escritura misma y cuya letra fluctúa en distintas temporalidades.

El diseño de las portadas de las ediciones de (H)onda nómada también se relaciona al viaje de la escritura. El poemario te invita  a que lo envíes. El deseo de escribir por/para otros (interlocutores varios) será el impulso de la voz perdida y encontrada en el túnel de la comunicación de dos puntos en un espacio. La edición se concibe como objeto que viaja. No hay lectura que no suceda en el tiempo. Aquí nos interpela una unidad de distancia, “añosluz”, inasible para cualquier entidad en estado sólido de la materia, sin embargo, calculable, como las galaxias remotas.

Añosluz son unas coordenadas, un diálogo, un interlocutor, un diccionario mustio, deseo inevitable, carnívoro, anacrónico, añosluz es un telar, un poema hecatombe, una tómbola, un continente. El tránsito posible, imaginable que hay de un extremo a otro de esos signos y, sobre todo,  sus intersecciones.

Si bien la letra es errante su condición es frágil en un principio. Como nos dice 2010, “el futuro nos encontró desprevenidos/ en paños menores y con la boca sucia”. Y así la letra emprende el paso “a toda prisa para no perder el ritmo” (5). El poema comienza siendo una sorpresa frágil de la que nada sabemos. Este futuro desconcierta, pero además nos sube en su lomo y nos quiere llevar a alguna parte. El poema coloca al lector en esa incertidumbre, ¿pero qué es un futuro que llega y nos toma desprevenidos sino la inminencia de una palabra que no se vaticinaba, de un lenguaje, quizás terrible, que aún no entendemos? La letra nos interpela volcando nuestra lectura hacia esa fragilidad, al “miedo inevitable de la pesadilla más antigua”. (5) En este primer poema el túnel es la distancia entre la letra de esa multiplicidad que despierta y tiene que correr despavorida y el futuro, un poco maternal, un poco déspota, maltratante y tierno.

En la primera sección que lleva el título del libro “añosluz” está una letra enamorada. Su amor responde a efectos concretos, tangibles.  La letra afirma “ha cambiado tanto mi escritura desde que te conocí/ ahora tengo/interlocutor”. (14) Escritura con interlocutor, con conciencia de receptor, que busca comunicar y seducir. En estos poemas hay una letra expuesta que nos dice “tengo vientre y razón” desprotegidos. Letra seductora que apuesta “la página mil de un diccionario mustio/ a que tu lengua despierta otra vez/ vamos”. Voz y lengua que reiteran su conciencia de telar [“mi lengua es un telar” (8), “mi voz es un telar” (10, 17), nos dice en el poemario].

Habría que señalar que la imagen del telar aparece en la poesía de Nicole desde su primer libro que lleva como imagen de portada una madeja. En su segundo libro el hilo se enhebra a través del título, “Secretos familiares”, hilado por las manos de la poeta, en su primera publicación artesanal. Esta edición también tiene un hilo. Se trata de la costura que amarra el libro de la tirada de (H)onda nómada, cuyo diseño invita a enviar el libro en correspondencia postal. Pienso en un hilo que va conectando la poesía de Nicole. El telar sin duda señala el oficio, pero también el hilo interior, túnel de la subjetividad, “diálogo que atraviesa todo lo que sé”:

tantos tú

demasiados tú ante ti

pero tú eres tanto

que prefiero verte poco y beberte a cuentagotas

saliva venenosa y visionaria

el diálogo atraviesa todo lo que sé

cruel pedirle al mundo

el peso de alguien como tú bajo mi cuerpo

otra vez tú mismo arrancándome besos

yo también soy hombre

desde la biología ondulante de mi cuerpo

la escritura de mi vientre no se parece a nada

(“viajo bajo tierra”, 14)

Desde la razón poética tejerse otro cuerpo, pues “nunca antes deseé ser hombre al otro lado del abrazo abrazando a un hombre”.  Imposibilidad del eros carnal que detona en eros discursivo e intelectual, derrame de tiempos, desglose, cuando dice:

aquí inevitablemente se suman otros tiempos al poema:

dictadura latinoamericana

siglo veinte

guerrilla andina

asesinato

narcotraficante

televangelistas

teología de la liberación

exilio residencia diplomacia

cordillera volcánica

en ciudad de Guatemala un hombre me regaló dos ojos

(“aquí”, 12)

La naturaleza de añosluz va gestando una poética que ante la vulnerabilidad, el simulacro espectacular  y la desprotección decide dar cuenta, [“la voz”, “la voz galopando”], pues sólo se tienen los “sentidos y la piel” como últimos centinelas del poema. Así “vientre y razón desprotegidos” la poesía es inevitable. La rebeldía es en este caso el ethos común de quien reconoce que no trae consigo las metáforas antiguas, así el poema concluye:

A las mujeres nos gusta alimentar la tribu

Pero tú

ya no eres la tribu

ni esos días son la tribu

ahora soy más rebelde que entonces

ahora

no sé que soy vestida de plástico y semilla.

(“aquí”, 13)

La letra se desdobla. Hay una distancia pero también hay que caer en grandes abismos para llegar a un solo-exacto par de ojos.

“La mística sexual del Che Guevara”, en cambio, es un diario epistolar, más íntimo, ficcional, fantástico, con varias voces y varios receptores. La voz lírica se encuentra en la habitación de una pensión en Guatemala en donde cuentan que se quedó también alguna vez el Che Guevara. La letra se habla a sí misma, le habla al Che Guevara y nos habla transformándonos en sus interlocutores. En esta parte, todos somos el Che Guevara, la posibilidad de una estancia efímera que podría ser significativa en otro tiempo. ¿No es acaso esto mismo un libro? Una secuencia de momentos que nos interpela cada vez creando nuevas texturas temporales. El poema dice: “Qué dimensión de nuestro cuerpo se mira y regenera cuando nos tocamos. Qué poesía voy a escribir para ti, para tu acento. Cuánta ciudad terrible nos acerca” (“28 de septiembre”, 25).  Las paredes de la Pensión Meza también hablan y se entrelazan al lenguaje pues la sección incluye fotos de la escritura en las paredes que dicen cosas como: “La vida no es una sola Cosa. Persona” (20) y “Vivir es despedirse” (27). Es la precipitación visual de los límites del poema, como los límites geográficos que la voz desea anegar cuando dice: “Si te escribo poemas, ¿precipitarías los límites geográficos?” (“8 de octubre”, 28).

Tanto en la primera sección como en la segunda se cuestionan los oráculos al final. En añosluz son las paredes agrietadas de tanto terremoto las que pronostican. En  la siguiente sección el poema concluye:

Estallido social. De una vez. Los terremotos. Las despedidas. Un dolor picoso y profundo. Las muelas, vientre, los bolígrafos ¿Qué ves detrás de los oráculos, en medio de la fe?

(“Estallido social”, 29)

El oráculo, el túnel, el diccionario, todo lo que llevan dentro o detrás de su signo. La escritura de Nicole -su errancia, su proceso- propone, imagina, formas novedosas de producir lenguaje poético dentro de sus propios márgenes.  Aquí resuenan las palabras de Juan Duchesne cuando dice que: “La escritura siempre responde a la demanda de comunidad en la forma de errancia continua dentro de sus propios márgenes, demarcando la divinidad, el mito y lo sagrado como un exterior irrepresentable e inabordable en los confines de la escritura misma”. (Fugas incomunistas, 39). Así Nicole, regresa al mito, le da su espacio extraño, irrepresentable en el imaginario de un túnel dentro de un túnel dentro de un túnel, con la exactitud de un solo-exacto par de ojos.

Mara Pastor (Puerto Rico, 1980) Poeta, traductora, editora y yogui. Estudió la licenciatura en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico y la maestría en la Universidad de Notre Dame, Indiana. Desde el 2007, estudia un doctorado en Literatura y Lenguas Romances en la Universidad de Michigan. Su tesis se centra en las prácticas poéticas en Puerto Rico durante el periodo de la Guerra Fría. Como estudiante de posgrado ha sido dictaminadora y miembro de la mesa editorial de la revista Tiresias: Culture, Politics and Critical Theory. Es autora de los poemarios Alabalacera (Terranova, 2006), El origen de los párpados (Edición de autor, México-Puerto Rico, 2008), Candada por error (edición de autor, México; Atarraya Cartonera, Puerto Rico, 2009) y Poemas para fomentar el turismo (San Juan-México, La secta de los perros). Es miembro del consejo editorial del Proyecto Literal (Ciudad de México). Actualmente reside en Ciudad de México. Edita desde el 2005 el blog: www.ohdiosarantza.blogspot.com

Un comentario el “Mara reseña a Nicole Cecilia Delgado (Puerto Rico)

  1. Margarita
    marzo 16, 2012

    belleza total. gracias, a Mara y a Nicole por estos túneles.

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Esta entrada fue publicada el marzo 16, 2012 por en Poesía y experimentales, Puerto Rico.

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