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Luis Othoniel reseña a Balam Rodrigo (México)

Balam Rodrigo. Icarías. México: Limón Partido, 2010. 46 páginas

 La cuestión es cambiar las dimensiones del vuelo. Imaginemos que volar es arrastrarse, que se vuela bien pegado al piso, tactándolo, empolvándose. Pensemos en el mundo como un mapa. Dos dimensiones. Sin verticalidad. Entonces sí, el pájaro no vuela por encima del ciudad, se arrastra por ella. Icarías (2010), el poemario de Balam Rodrigo, se construye a partir de ese mundo imaginario  en el que un vuelo rastrero es posible y en el que volar y caer son acciones indiferenciadas, reducidas al cero sin vértice: “son ángeles los perros pastados/terrestres pájaros que ladran”. Desde ese principio, el poemario se plantea como un film, o tal vez como el rollo mismo de la película, la lámina, un “eternometraje”, acompañado con los diferentes signos de puntuación, exceptuando el más importante, el punto final.

[naturaleza viva con paraíso y grafógrafo al fondo, con ciertas y desatinadas singladuras de corcel trotado y tactado por mar y vera hembra]

[…] estas páginas apenas acabadas que no son
sino el borrador de un eterno guión absurdo
y jamás representado ; no hay locura : los locos,
los profetas y los niños – algunas mujeres, e incluso,
algún perro – son poesía y no narrativa o recetarios
donde Dios ensaya su escritura con nosotros
(si buena suerte hemos tenido) y cuando no,
somos nota al pie en un bosquejo errante,
consonante minúscula de una ficciónn nómada
o acaso, punto menor y final como el que sigue : .
(ése soy yo : yo : lo dijiste)
 

El vuelo poético, sin embargo, cae en las secciones que Icarías se vuelve autorreferencial. Tal vez, ese es el punto. En un mundo sin verticalidad no hay caída ni despegue del vuelo poético. Así, luego del vuelo rastrero, y la filmina, tenemos al poeta que camina por la ciudad, y que se mira en los ojos de los perros sarnosos que son pájaros como si fuera un espejo residual de algo que es parte “del hombre”, del pueblo, pero que es como una angustia, por la mayor parte, pasajera, y no sin toques bromistas (“¡¡¡puños de antipueblo!!!”, nos dice en un verso). ¡Y qué muchos perros pájaros en este poemario, y qué obsesión la de los mexicanos con los perros! “un perro y su latido lamen la yerba oxidada de mi sombra”, “lascivo sarnar”, “son los perros la tristeza de Dios”. Éste es el programa del texto: un poeta en una ciudad plana en donde los pájaros y los perros se mueven en la misma dimensión. Pero como todo programa, éste poemario tiene sus desvíos, y los desvíos son muy buenos. Como el siguiente poema que es escrito como si fuera un email a una amante, en una registro lingüístico distinto al resto del poemario, tal vez una pan-lingua a la Xul Solar (que no el “tralalí” de Huidobro).

cosa otra aquí no hayla, urbe es, faenera,
hostil coz en rabadilla por los laburos: empero,
lanzarte he por los cables humos de la web
estos mis palabrares, contrasilencios que viajan
por los no-hilos de los que alva, el Edison, soñaría
para su dama y renunciaría sin duda al su mísera
teléfono, aunque lejanías hace que él no está
más con nosotros, pero vos sí, y ya: virtuales númenes
me sos y te digi : amante innumerable,
te extrañezco.

Sencillo, juguetón, realista, de la ciudad faenera a la amante innumerable. Hay algo lúdicamente tierno en este uso del lenguaje. Contra-silencios que anudan una urbe conectada por cables de humo, la planicie virtual de la pantalla coincide con la ciudad.

 Y por último, antes de dejarlos como acostumbro con una larga cita del libro, dos versos de Balam Rodrigo: “¿quién he de leerme sino vos / el mismo que escribe y que lee?”. Esto me devuelve al prólogo que escribí a estas reseñas de poesía. Decía allí que el poeta contemporáneo forma parte de un circuito cerrado en su medio porque el poeta es el que publica, edita, distribuye y lee al poeta, y nadie más. Y contrastaba este lugar del poeta contemporáneo con el que tenía el poeta en las vanguardias, que era un círculo abierto pero más escencializante, en el que el poeta, en su irreverencia, entretenía el lugar de contenedor de unas verdades modernas que atravesaban el medio. Y es que este poemario, Icarías, contrasta muy bien (demasiado) con Altazor, el del vanguardista Vicente Huidobro. Pero esos insoportables paracaidistas de Altazor, que descienden sobre la tierra, y esa tierra preñada que autoritariamente exige silencio para el nacimiento de los árboles, son imposibles en el mundo sin vértice, el mundo plano de Icarías, en donde los perros se arrastran por los árboles, los pajaros se empolvan en el vuelo, y el poeta va tactando por la ciudad, volando y cayendo por ella . Acá, creo, hay una clave. Poesía sin verticalidad, inmanente. Quizás esta horizontalidad poética, sin caides ni despegues, sea una entrada a las políticas de la poesía contemporánea. Así nomás, los dejo con “[impúrpura]” uno de los poemas que más me ha gustado de este bello y divertido poemario de Balam Rodrigo.

[impúrpura]
 
esto del palabreaje humano es cosa mala, perro
Max Rojas (para él)
 
parten el aire los trinos de los perros;
cánidas y mansas parvadas
orinan la roja línea del horizonte,
olisquean las doradas fíbulas del sol:
impúrpura llaga en el crepúsculo;
constelado por rumores de lluvia
y astros que mueren ahogados
en el humo, extiende el cielo su muerto
lienzo sobre la faz de la ciudad:
sarnosa niña de la noche; vuelven
los perros a las ramas de un árbol
que crece en el insomnio: repliegan las alas,
lamen el aire y silencio, enroscan la cola
y la lengua sobre el nido; entre pulgas
y aullidos roncan y duermen los perros
mientras esperan soñar el sueño oscuro
de los hombres: alguno sueña que ladra,
o peor aún, que escribe;
 

Luis Othoniel Rosa (Bayamón, 1985), defiende en unas semanas en la Universidad de Princeton su tesis Anarquismos literarios: Macedonio con Borges. Su novela, Otra vez me alejo saldrá en los próximos meses en Entropía (Buenos Aires). Actualmente enseña en Duke University. En El Roommate ha reseñado a los autores Michelle Clayton, Raúl Antelo, Rafael Acevedo,  Mar Gómez,  Isabel Cadenas Cañón,  Romina PaulaMargarita Pintado y Lorenzo García Vega,  Mara Pastor  y  Sergio Chejfec.

14 comentarios el “Luis Othoniel reseña a Balam Rodrigo (México)

  1. Margarita
    marzo 19, 2012

    “imaginemos que volar es arrastrarse”, bello. gracias, luis.

  2. luisothoniel
    marzo 19, 2012

    gracias a ti, margie, el poemario es bueno (mejor que la reseña sin duda)…

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Esta entrada fue publicada el marzo 18, 2012 por en México, Poesía y experimentales.

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