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Alexis Iparraguirre reseña a Andrés Olave y Eduardo Cuturrufo (Chile)

Andrés Olave  y Eduardo Cuturrufo. Proyecto Apocalipsis. Arica: Cinosargo, 2011.

Olave y Cuturrufo son dos de los animadores de un bienvenido boom de edición independiente en el norte de Chile (Arica), apocalipsiscuya estrella es Ediciones Cinosargo. Lo hacen como autores de Proyecto Apocalipsis, novela que escriben a cuatro manos y que reúne entre sus formatos las concepciones milenaristas cristianas, la figura del chamán oriental, la ciencia ficción posapocalíptica, el registro épico del manga japonés y la apelación a referencias eruditas comunes en la sofisticada cultura pop contemporánea. Numerada en 48 breves capítulos, no se trata, contra lo que hace pensar su título, de un relato sobre el fin de los tiempos, sino de la gesta de los pocos seres humanos sobrevivientes a ese evento, que han concebido, a través de un aprendizaje milenario y secreto, un plan para revertir los efectos del odiado Armagedón.

 Así, el venerable Lobsang Hammpau, el último ruso Koteopulos Sychov, su hermana Anna, el borok Patrick Jacquet y el sintoísta Hikaru Mechazagua, provenientes desde distintas latitudes y escuelas místicas, capaces de realizar proezas físicas y paranormales, efectúan una serie de hazañas a fin de llegar a juntarse en unas coordenadas previstas para protagonizar juntos un acontecimiento sideral sin precedentes. Contra sus planes se elevan, a partir del supuesto milenarista cristiano, los ángeles de Dios, una legión casi infinita de seres celestiales que no solo calcinaron al planeta cuando aparecieron en su ciclópea nave transdimensional, la Jesuítica, sino que convirtieron a la Tierra en una suerte de Auschwitz permanente para los sobrevivientes de la devastación. Los cinco seres humanos no están indefensos ciertamente; poseen una serie de artilugios sobrenaturales que van desde conjuros hasta la posibilidad de resucitar muertos, emplear dragones y monstruos de horror y dimensiones insospechadas.

 En este punto, la novela pone en práctica una estética de la crueldad que trasciende de lejos el mero espíritu gore de la cultura de masas y encuentra en la mutilación, el asesinato seguido de despedazamiento y la exhibición de restos humanos una veta no solo para producir sobresalto sino un eficaz procedimiento para enhebrar el relato a través de los usos más irreverentes y deslumbrantes del cuerpo muerto o lacerado. Así, el resto humano inmóvil o encantado es una máquina para producir historia y sentido en la novela. Pero no es el más visible. De principio, destaca el montaje de secuencias en que las acciones de distintos personajes convergen y divergen hacia la ejecución de una hazaña y cuya mutua interrupción aumenta la percepción de tensión y suspenso sobre el sentido de los hechos. El lector busca satisfacer una pregunta que debiera ser un absurdo, pero que consigue verosimilitud y se juega a cada página: “¿conseguirán los hombres vencer a las fuerzas de Dios?”

Podría pensarse que el procedimiento de los formatos de fantasía pop y, en especial del manga japonés, decanta a la novela hacia la insustancial exhibición de nombres, situaciones efectistas y duelos físicos y psíquicos. Pero no es así. En un ejercicio de un lenguaje contenido, escueto, depurado, los dos autores consiguen la transmisión de una atmosfera radicalmente devastada de paisaje y de cualquier familiaridad con la vida doméstica que conocemos; alcanzan el logro de un enrarecimiento tal que sólo queda espacio para el horror al vacío de ángeles y magia (en este sentido, algunas de sus secuencias de enrarecimiento recuerdan momentos análogos de memorables animés como Evangelion o Reign: the conqueror).

Olave y Cuturrufo, no obstante, hacen extrañar, por incidir en la épica de duelos y despedazamientos, la construcción de psicología intensas y sobrecogedoras. Aunque  la novela consigue en la peripecia una atención cerrada del lector, el procedimiento para crear mayor pathos a partir de la intensificación sucesiva de crueldad, conjuros y peripecia, tiene las limitaciones propias del mecanismo del suspense mismo (por ejemplo, cuando el recurso al asombro se vuelve previsible y resulta, por ello, menos asombroso que la expectativa sembrada en torno de él). Por ello, hubiese resultado un eficiente mecanismo de variedad el recurrir a las psiques inexplotadas, salvo por referencias al miedo, la furia o al terror cósmico, de los personajes principales.

Verdadera exploración fundacional, coronada en la mayoría de casos por el acierto, de un registro nuevo, de un imaginario propio y desconcertante, no obstante anclado en los referentes inmediatos de los más modernos registros de cultura global, Proyecto Apocalipsis no es, ni de lejos, un entretenimiento trivial y su valoración no puede limitarse al acierto expresivo o al logro de una estética a partir de los cadáveres. Es la puesta en marcha, a través de mecanismos narrativos acordes, de una tupida mitología propia y un desafío a la imaginación del lector de fantasía y de la buena literatura, sin adjetivos.

Alexis Iparraguirre (Lima, 1974). Narrador y licenciado en Lingüística y Literatura por la PUCP. Ganó el Premio Nacional PUCP de Narrativa en 2004, por su libro de cuentos El Inventario de las Naves. Las historias de  este volumen han sido incluidas en antologías peruanas y en la versión en línea de la selección de nuevos narradores latinoamericanos “El futuro no es nuestro”. Como crítico, trabaja principalmente la poesía de César Vallejo, pero sus intereses se extienden a la literatura moderna latinoamericana en general. Actualmente, finaliza el MFA de Escritura Creativa en Español de New York University y concluye su segundo libro de cuentos, titulado provisionalmente Aquí, en la Tierra. Persiste en comentar ficción en su blog La vida en marte(www.lavidaenmarte.lamula.pe)

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Esta entrada fue publicada el febrero 11, 2013 por en Chile, Ficción.

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