Margarita Pintado reseña ‘tras.tocar’ de Chloé S. Georas (Puerto Rico)

Le herida infinita: el lenguaje del dolor y de la solidaridad en tras . tocar, de Chloé S. Georas

Chloé S. Georas. tras . tocar. Puerto Rico/Estados U2021, 76 páginas.

Conocí por primera vez el trabajo de Chloé S. Georas en el 2001, cuando fue invitada a una de mis clases en la Universidad de Puerto Rico. En aquel entonces yo era una estudiante de periodismo sin ningún interés particular en la poesía, pero aquel encuentro con el libro asignado, y con su autora, tuvieron un impacto en mí. El libro se llamaba rediviva: lost in trance. lations, y lo que más me impresionó fue el cuidadoso despliegue de lo que me parecía ser una vulnerabilidad radical expresada en un lenguaje en constante rebelión. Me fascinaba aquella estética que, aunque desafiante, subrayaba la ternura, la anatomía frágil y sencilla de eso que el poema dice o desdice. Mientras leía, sentía la urgencia, la tajante voluntad de quien ha decidido crear algo nuevo, una forma/idea que pusiera de relieve la naturaleza porosa de los objetos, los seres, la palabra, y todo lo que constituye un paisaje. Me conmovió, además, la manera en la que Chloé lograba plasmar lo inexpresable no solo en el poema, sino también en su trabajo visual, haciendo del libro una experiencia muy singular que acarreaba cierto grado de desorientación.

Han pasado 20 años desde la publicación de rediviva, y de aquel encuentro con su autora, quien además de poeta y artista visual, es profesora de derecho en la universidad de Puerto Rico. Poco tiempo después de aquella clase que, dicho sea de paso, no era de literatura sino de psicolingüística, yo me fui del país y le perdí la pista a Chloé. Cuál fue mi sorpresa y alegría cuando, en medio de la pandemia, vi la foto de promoción de su segundo, esperadísimo libro, titulado tras. tocar.

Es claro, luego de leer la breve, pero contundente obra de Chloé, que se trata de una de las voces más originales de la poesía puertorriqueña actual. Sus texto-objetos asumen valientemente, y de entrada, la insuficiencia de la palabra y de la imagen a la hora de decir, y representar eso que siempre se le escapa a todo lenguaje. Situada en ese límite expresivo, Chloé echa mano de todo cuanto puede para comunicarse: la palabra, la puntuación, la imagen, el bilingüismo. Conmueve que a una poeta tan experimental le preocupe tanto la comunicación, e insista en hacerse entender, no sólo en ese rico encuentro y desencuentro que se da entre sus poemas, sus fotografías, y collages, sino también a través de prefacios que intentan explicar su proyecto. La poeta nos habla, nos da ciertas coordenadas de lectura, hace explícito el uso de ciertos términos, y comparte detalles centrales de la trama “secreta” del libro, dejando claro que lo poético se manifiesta, no solo en el poema, sino en todo cuanto constituye el proceso sentimental, intelectual, y artístico que antecede al libro.

Por ejemplo, en la introducción de tras. tocar, la autora explica cómo una de las primeras etapas del proyecto consistió en ir al correo para enviarle a un puñado de amigos repartidos por el globo, una serie de objetos confeccionados por ella. Los amigos, al recibir estos objetos, debían trastocarlos de alguna manera, y dar fe de aquella interacción. Y me pregunto yo, ¿qué puede ser esto si no una invitación a amar, a sentir al otrx, a comulgar y comunicar algo, aunque no se sepa bien qué es, o precisamente, evocar eso incomunicable a través de una experiencia común? Se nos revela ya, desde este precioso preámbulo al libro, lo que será una constante a lo largo de sus poemas: la interpelación, la necesidad de diálogo, la práctica de una solidaridad que se aleja de consignas vacías para entrar en la vacuidad de un tiempo en donde prima la desigualdad, la injusticia, el dolor, y el desamor.

Uno de los rasgos más singulares del libro es la centralidad de las preguntas. Una en particular sintetiza el espíritu del libro:

¿Quién

prestará

el

cuerpo

para

la

herida?

Es una pregunta fascinante en donde la ética y la estética del libro queda sintetizada. Estas preguntas que organizan el libro son sentidas como invitaciones a pensar nuestra relación con los demás, con el dolor, a veces injustamente repartido entre otrxs. Es interesante que use el verbo “prestar”, acentuando así la recurrencia del cuerpo y de la herida, la naturaleza desechable del primero, pero también su indispensabilidad. La pregunta-poema en cuestión no se aleja mucho del imperativo cristiano de ayudar a cargar la cruz del otrx, o de tomar toda la carga, asumiendo el peso de un castigo ajeno tras entender que todos y todas contribuimos al bienestar o al empobrecimiento de las vidas de los demás. La idea del sacrificio recorre todo el libro:

My goal is infinite injuries

The deepest cut can’t be but shallow

In my full armor of nudity

And if I must be misunderstood

Come, bless me with your tar

So I may grow feathers to fly…

nos dice la poeta, haciendo del sacrificio un desafío

ejemplar.

Los textos de Chloé son naturalmente híbridos, traducidos caprichosamente, o mejor, libremente, obedeciendo al instinto que en poesía es todo, o casi todo. Hay, también, una propensión a la compresión: textos mínimos, pero abiertos, no-herméticos, aunque misteriosos, a veces sentenciosos, pero sin caer en la tentación del abatimiento o la aflicción. Textos extrañamente esperanzadores. Por ejemplo, el primer poema, también una pregunta, lee:

How

does

harm

becomes

harmony?

Y así se sienta la pauta, el tono del libro, con una pregunta que es tanto duda como declaración de fe, pues se da por sentado que el dolor, o la herida sí se pueden tornar en harmonía. Lo que resta es aprender cómo.

tras. tocar está dividido en cuatro partes. En la primera, el mundo arde. Versos como:

The Apocalypse is a sequence of colorful sound bites. A bright orange ambulance for the glazed gaze of a 5- year old born of the rubble of far- off explosions. The toy-less ragged boy tosed across an ocean to await his father face down on a shore.

The Apocalypse is anticlimatic. Billions of people bored as billions drown, burn, starve and explode.

nos devuelven historias, e imágenes de eventos trágicos que captaron la atención internacional. Pero el mundo olvida rápidamente a sus muertos, y ese olvido es también parte del apocalipsis. Porque para Chloé, y para efectos de este libro, ya estamos en los últimos días, y es imposible ignorar las señales del fin. El poema “cuarenteRna”, con el que cierra la primera sección del libro, es una aguda y oportuna reflexión sobre la pandemia, la responsabilidad colectiva, la solidaridad, y la desigualdad que situaciones extremas como una pandemia ponen de relieve:

todos somos asesinos en serie

con tan solo respirar exterminamos

causa de muerte: coexistir…

los más viejos, más oscuros y pobres

quedarán coronados con tubos con pitidos

que revuelvan las batas enmascaradas

corriendo por pasillos mientras una mano

de goma se detiene en pleno forcejeo para

acariciar a otro que se vuelve

des. difunto

Hasta cierto punto, tras. tocar esboza la idea de cómo y por qué debemos perfeccionarnos en el dolor, dado que eso también tiene (merece) su lugar en el mundo, y en nosotros. En la segunda parte, leemos: 

No

hay

por

qué

atrechar

a

la

tristeza

Así como cada palabra y cada signo merece su propio espacio en el poema, los ciclos anímicos, psicológicos, biológicos que nos penetran precisan de su tiempo para madurar en nosotros, y para que nosotros maduraremos en ellos. A medida que el libro avanza, el dolor ya no es tanto pregunta como plenitud, destreza para sobrevivir la indiferencia que parece dominar afuera. Nos encontramos ya más cerca del paisaje interior de la poeta quien defiende una y otra vez su derecho a crecer en el dolor: “i do pain better now”, escribe, y continúa:

Why would I want you to un. hurt me?

Un. stick the pain from my pupil now that its silvery roots

make the dullest days twinkle?

Un shoot the bullet in my foot now that I

dance so well on the other?

Acaso este apropiarse del dolor, este casi regocijarse en el dolor es una nueva forma de resistencia, de liberación, de desafío ante una realidad que nos ha sido impuesta. No es masoquismo lo que se expresa aquí. Abrazar el dolor es asumir con valentía parte de lo que implica estar viva, y celebrar lo que se aprende a partir de la experiencia del dolor. Y para aprender es necesario desarrollar el ojo, el oído, y la paciencia, amén de ser mejores testigos de nuestro tiempo, y de su dolor:

why the rush to decorate the silence with words?

the hurry to pretend someone is not bleeding somewhere?

besides us? inside us? in front of us?

En la última parte del libro parece que empezamos a salir del dolor, y entramos en un tiempo nuevo, centrado en el paisaje isleño. Reproduzco aquí el poema “Patillas”, con el epígrafe de Luis Palés Matos que incluye su autora, por tratarse, en mi opinión, de una pieza que ejemplifica magistralmente la estética del collage que distingue a Chloé:

Ésta es toda mi historia:

sal, aridez, cansancio,

una vaga tristeza indefinible,

una inmóvil fijeza de pantano,

y un grito, allá en el fondo,

como un hongo terrible y obstinado,

cuajándose entre fofas carnaciones

de inútiles deseos apagados.

Topografía, Luis Palés Matos

…………………………………….

Patillas

Mar adentro: Tierra afuera

Este lugar no es tanto costa como tormento

Surfers, tan incondicionales ante la traición

serpentean rascacielos de océano que se

desploman en vórtices sobre arrecifes

Amar este mar es un delito

Aquí ningún horizonte serena la distancia

Nada fatiga el tumulto de corrientes

Huracanes cotidianos hurtan la llovizna a ras

del salitral en cada pupila

y perros de rabos realengos conducen al letrero

endeble: “MAR MATA”

Varada . Indecisa

entre maremotos y aullidos

Aferrada a precipicios de espumas

Me despido de algo alguna vez íntimo

Todos mis inútiles deseos serenamente apagados

Ya nada sobra

Festejemos lo poco

De “la inmóvil fijeza de pantano” palesiano, nos movemos a los “rascacielos de océanos que se desploman en vórtices sobre arrecifes” para volver a esa peligrosidad, ese crimen que implica amar una tierra que traiciona, que lastima cada vez que puede. La poeta concluye su poema evocando a Palés, haciendo suya su fijeza de pantano, quedándose varada en medio de la nada para ser testigo de surfers, perros, y huracanes: criaturas isleñas que siguen un ritual que les antecede. Y ante ese ritual, la poeta, aunque empantanada, alza su voz para despedirse de “algo alguna vez íntimo” que puede llegar a ser un país, un animal, una cosa, una persona que, como precipicio de espuma, se dirige hacia su destrucción. Y entonces “ya nada sobra”, y entonces ya podemos festejar “lo poco”. Una actitud de desprendimiento, de dejar(se) ir, se impone en esta cuarta parte, como si las lecciones del dolor nos llevaran a un estado de apaciguamiento, o como si la recompensa del apocalipsis fuera el fin de toda preocupación, superflua o agobiante:

Now that I have no plans

I can lick each day …

Now that a sudden symphony of children’s voices greets

me on my way

somewhere

I wander into wonder

and the ton of bricks hanging from a

thread over my heart

vanishes

Llegamos, junto a Chloé, a una cierta calma… y es como si entráramos al ojo de un huracán, el remanso no es total, y, sin embargo, todo parece seguir un orden natural. Y eso, acaso, sea lo más cercano a la paz. Atender el ritmo del mundo, sincronizar nuestro tiempo a su tiempo, darnos a su clamor, poner la voz, poner el cuerpo para la herida, entender que somos la herida y también la posibilidad de sanación. Una de las lecciones de tras. tocar es que no estamos solos. Y este libro se ofrece como un medio para tocar y ser tocado, para sentir y ser sentido.

Quiero terminar esta reseña con un brevísimo comentario en torno al trabajo visual de Chloé, en donde se evoca lo frágil, lo roto, lo inmaterial, y lo sublime. En la primera imagen aquí compartida nos enfrentamos a la imagen de un mar fracturado, un mar con “typo”, en donde se reproduce una como herida ancestral del ser isleño, un mar des-romantizado, un mar que no quiere ser otra cosa que copia y simulacro. En la segunda, una pequeña estatuilla de la virgen nos recibe, de espaldas. Nuestra soledad se abulta en los preciosos pliegues de su manto. En la tercera imagen la mirada inmóvil de un animal nos habla, desde su más allá artificial, de nuestra propia irrealidad. Seres, criaturas que parecen sacadas de un sueño, emanaciones de nuestro inconsciente, a donde van a parar toda suerte de objetos e ideas. Son imágenes de una extraña calma, de una soledad acogida, o elegida… nos identificamos con estas criaturas inanimadas, solas o abandonadas en medio de un paraje desolado. Somos la telaraña que resiste desde su blanda, elástica fortaleza… lo que permanece, eso somos. El espacio ancho, la apertura o herida infinita que es el cielo, o el mar, se ven levemente transmutados, o violentados por algún gesto que no pretende desafiar lo infinito, o decimar lo sublime, sino dejar constancia de nuestro paso por esas expansiones. De modo que, aunque parezca que lo que prima en las fotografías es lo natural, lo que me parece que intenta destacar la autora es la intervención, o presencia humana en estos lugares de Dios, sin Dios, asidos únicamente por la mirada de la artista. Los dejo, pues, con una muestra del magnífico trabajo visual y poético de esta gran creadora, Chloé S. Georas, recordándoles que el libro -objeto, tras. tocar, está disponible en las plataformas principales de libros electrónicos, incluyendo Kindle y Apple ebooks:

https://books2read.com/b/4A7G50.

Ocean Typo

¿

Cómo

la

herida

se

torna

en

armonía

?

The Virgin’s Back

“…¿Acaso no será la calma el mantel blanco que esparcimos sobre las masacres?…”

Untitled

 

“…My neck, yours to make, yours to brake

Comatose like self-immolation wihout a

match…”

Wind Web

 

¿

Y

qué

del

método

de

lo

irrepetible

¿


Margarita Pintado (Puerto Rico) es poeta, editora y docente. Autora de los libros Ficción de venado (2012) y Una muchacha que se parece a mí (2016). Es también coautora de la “novela bloguera” Ping-Pong Zuihitzu, junto al poeta cubano Lorenzo García Vega. Dirige el espacio de poesía Distrópika (www.distropika.com). 
 

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