Laura García reseña una novela de Cirilo Leal (Canarias/España)

Cirilo Leal. Los Lenguas Cortadas. España: Editorial Herques, 2020. 264 páginas

“Todos los pueblos, especialmente los nuevos, necesitan historias que les cuenten quiénes son. El desafío de crear una cohesión e identidad cultural a través de un texto fundacional. El reto de resucitar viejas historias orales era el sendero que menos resistencia ofrecía. Una tradición épica nativa. Especialmente, cuando las poblaciones nativas fueron arrasadas durante los siglos de la llegada de los europeos” (Leal 71).

Partiendo de las presentes agitaciones sociales que asfixian a Canarias, Los Lenguas Cortadas se escribe para incitar la curiosidad sobre el pasado histórico y el origen cultural de las Islas Canarias, conectando temporalidades que problematizan la identidad cultural isleña. Publicada en 2020 por Cirilo Leal, Los Lenguas Cortadas se balancea entre la ficción y la investigación académica que se sustenta por la aportación de Antonio Tejera Gaspar, catedrático de la Universidad de La Laguna en Tenerife, y las ilustraciones de Miguel González, Hugo Pitti y Martín & Sicilia. El epílogo de Tejera es la base sobre la que se construye la ficción de Leal, explorando con su narrativa poética a través del archivo y la memoria histórica canaria:

“Las cosas tienen existencia real cuando se las nombra. Hay que ponerles palabras, aunque muchas veces no creamos en las palabras. Romper el silencio con la palabra. Sacar a la luz las llagas, las heridas” (Leal 90).

Los Lenguas Cortadas problematiza la identidad nacional y cultural canaria a través de una narrativa que dialoga sobre lo complejos procesos transculturales de las islas, entrelazando los espacios que hacen de esta región macaronésica un archipiélago transcontinental. La novela se centra en la búsqueda de la “Fuente Madre”, un manuscrito perdido que podría despejar muchas dudas sobre el origen de la historia de los antiguos canarios, sustentando de forma escrita la leyenda de una población amazigh desterrada a Canarias y poblando el archipiélago hasta entonces deshabitado. La búsqueda de este texto surge desde una investigación periodística en tiempos actuales donde el personaje, Paloma, se siente forzada a participar y a transformar la memoria histórica de las islas. El manuscrito al que el narrador se refiere como “La Fuente Madre” no es parte de la ficción y Antonio Tejera Gaspar afirma que está “citado en el capítulo V de la obra de Abreu Galindo. Estaba escrito en latín, ‘de a folio’, y le faltaba las hojas del principio y del final” (Leal 12).

A través de “La Fuente Madre”, Leal hace que los lectores nos preguntemos sobre la manipulación histórica y cultural que Canarias ha experimentado como tierra colonizada y propone este manuscrito como una nueva realidad desde donde entender la historia de el archipiélago: “la historia comenzaría con ese manuscrito” y no con la narrativa impuesta por el imperio español que tanto ha difuminado las realidades canarias.

Los Lenguas Cortadas recurre al origen de la población de las islas y a la antigua comunidad canaria para abrazar la identidad isleña y establecer una diferencia con la España peninsular. Desde esta novela, además, identifico esa conexión inevitable entre Canarias y otras islas colonizadas, que en sus diferencias encontramos también repeticiones de prácticas colonizadoras comunes, donde La isla que se repite de Benítez Rojo se expande a través del Caribe hasta el Atlántico, encontrándose con Leal, hablándonos desde Canarias sobre experiencias coloniales de identidades culturales que han sido manipuladas y del deseo de reafirmarse como pueblo transcultural.

La novela está estructurada en diecisiete capítulos, cada uno con un título significativo, que van conectando de una manera discontinua temporalidades, pues la novela habita en tres espacios temporales, cada uno con sus personajes y que de alguna manera todos se reflejan entre sí. Por un lado, hay un presente narrativo, desde donde surge la búsqueda de la “Fuente Madre”. Es un presente que busca historias de tiempos pasados, pero que nunca se desvincula de su narrativa actual, destapando conexiones temporales en Canarias y desbordando tanto problemas migratorios como problemas naturales que son producto de una opresión imperialista, como la crisis de las prospecciones petroleras y las microalgas en 2017. Por otro lado, hay otro espacio temporal en la novela que se construye desde el periodo del franquismo, donde se proyecta la experiencia del exilio entre las diferentes islas, entrelazándose también con los diferentes procesos migratorios actuales en Canarias. Finalmente, existe una narración que se origina en África y que cuenta cómo la población amazigh fue castigada y desterrada a Canarias después de que se les cortaran las lenguas, entre los siglos V y I A.C., como producto de los enfrentamientos con los romanos durante la expansión del pueblo romano en el norte de África. En este espacio, Leal aborda interacciones con monjes mallorquines, ya en las islas, y lo que él describe como “la cultura de silencio” que la población amazigh tuvo que desarrollar en este nuevo lugar que les acogió en su experiencia de destierro. Sin embargo, estas temporalidades no están claramente definidas y hay saltos que hace que nos sintamos dentro de un caos temporal. A pesar de que ha sido calificada por otros lectores como una novela con una espacialidad caótica que dificulta la ubicación del lector, la idea de entrelazar temporalidades es una idea brillante, pues aunque nos dificulta establecer diferencias entre líneas temporales, refleja que la historia en Canarias tiende a repetirse, ya que por momentos no se sabe en qué espacio estamos leyendo hasta que se avanza en la lectura, siendo quizá los capítulos más claros aquellos en donde se dan los enfrentamientos entre los romanos y los imazighen en el norte del África continental, protagonizados en la novela por Cornelius y Libio, quien se convierte en un personaje de resistencia. Es importante mencionar que, a pesar de que Cornelius y Libio mantienen una posición relevante en este fragmento de la novela, Leal parece centrar el giro esencial de la narración en tres mujeres, cada una perteneciente a los tres espacios temporales con los que experimenta el autor canario, nacido en Venezuela, posicionando siempre a la figura femenina como la encargada de mantener y reproducir la memoria histórica y cultural isleña.

Leal nos escribe en capítulos cortos que me mantienen en un deseo constante de ir saltando entre párrafo y párrafo hasta definir la conexión entre los diferentes capítulos y descubrir el momento en el que colapsan espacios y tiempos. Además, en esta novela me atrapa un movimiento entre espacios y tiempos que más bien parece el movimiento de las mareas que nos llevan desde las islas hasta las costas del continente africano. Un movimiento que nunca cesa, que se repite.

En dos ocasiones el texto se ve interrumpido por aportaciones gráficas, que nos desconectan de la escritura, pero nunca de la narración. Una aportación, en mi opinión, placentera y llamativa para la estética de la novela.

En varias entrevistas realizadas para la presentación de Los Lenguas Cortadas, que son de fácil acceso en YouTube, el autor afirma que escribe desde un lenguaje sencillo porque hay una intención de hacer de este libro una herramienta con función social y cultural. De hecho, esta novela ha sido parte de un trabajo de difusión, donde la Dirección General del Patrimonio Cultural del gobierno de Canarias elaboró un vídeo didáctico que pueda ser usado en los centros educativos canarios en los campos de arte, lengua, literatura, geografía e historia. Sin embargo, he de admitir que la narrativa y la discontinuidad temporal aportan un elemento literario que aleja a la novela de esa sencillez a la que se refiera el autor, haciendo del texto una pieza, no solo cultural, sino estética y literariamente distintiva.

En tal caso, Leal cumple con su responsabilidad académica y artística, difundiendo la memoria histórica y cultural de Canarias, volviendo a los orígenes de la población isleña para tratar de entender a Canarias. Entre calima y olas del atlántico, en Los Lenguas Cortadas se siente el peso de unas islas viejas, cansadas y ansiosas por redescubrirse en su historia dentro de una narrativa envuelta en vuelos poéticos que aportan una posibilidad que los documentos históricos no han podido demostrar científicamente hasta ahora: la posibilidad de narrarse desde una mirada transcultural:

“La escritura les abrió las puertas a nuevos horizontes hacia todos los lugares por donde saliera el sol. La historia comenzaría con ese manuscrito porque antes de la historia y del libro no había conciencia, no habría espejo, no habría nada. El libro se creó espejo para vernos en él, para conocernos, para crearnos, para retener el tiempo, para darnos la vida, para arrancarnos a la muerte, para consolarnos del destierro, de la proscripción” (Leal 28).

Laura García García (Islas Canarias, España 1990) se graduó con la maestría de Modern Languages con especialización en español y Estudios Étnicos por la Universidad de Nebraska-Lincoln en 2020. Actualmente es estudiante de doctorado también en la Universidad de Nebraska-Lincoln. Sus intereses se centran en analizar relaciones transatlánticas isleñas, Canarias y Caribe, desde teorías decoloniales.

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