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Ana reseña a Ignacio Sánchez Prado (México)

Ignacio Sánchez Prado. Naciones intelectuales: las fundaciones de la modernidad literaria mexicana (1917-1959). Lafayette: Purdue University Press. 2009

Naciones intelectuales es parte de uno de los debates más apasionantes que han girado alrededor del campo cultural: la autonomía de la esfera literaria en relación con la esfera pública. Dialogando con la complejidad que versa en torno al tema,  el libro de Sánchez-Prado  activa en el campo latinoamericano una discusión cercana a la que tuvo Pierre Bourdieu en relación con la literatura francesa. Naciones intelectuales da cuenta de la inmensa paradoja que atraviesa a la autonomía literaria, de la cual tanto Bourdieu como Peter Bürger trataron en su trabajo; ambos son autores con quienes Sánchez-Prado dialoga intensamente.

 El libro propone una revisión minuciosa y original del archivo literario mexicano, a través de un lente conceptual que filtra todo su recorrido: las “naciones intelectuales”. Se trata de pensar en la producción literaria de ciertos escritores que, a lo largo de la historia mexicana, hicieron con la literatura campos contra-hegemónicos para la construcción de identidades nacionales múltiples y alternas a la que proponía el Estado. Desde estos espacios, como lo hace el libro, se puede pensar a la  cultura mexicana bajo nuevas perspectivas  que diluyen la fuerza y dominio de categorías estereotipantes como por ejemplo la del mestizaje, que contribuyen a la consolidación de un discurso basado en la idea de una nación homogénea.

Sánchez- Prado pone bajo la lupa al nacimiento e institucionalización del discurso nacional propulsado por el priísmo, cuyos albores pueden rastrearse a la Revolución Mexicana. Este evento histórico, junto con los múltiples impactos que acarreó en el espacio cultural, son el punto de origen desde el cual se desprende, como contrapunto, la alteridad discursiva de ciertas zonas de la esfera pública:

Si pudiera describir en una frase la finalidad de pensar las naciones intelectuales y el lugar de la literatura como instancia política, ésta sería proponer una tradición crítica donde semejantes utilizaciones delirantes del mito nacional para el impulso de una política que reproduce los principios del priísmo dejen de ser centrales y legítimas (p. 241)

Como lo decía, Naciones intelectuales es una re-lectura sugestiva del canon literario mexicano, en la que Sánchez-Prado encuentra un nexo genealógico que une a Ramón López-Velarde con el eje central que motoriza el libro. Atravesando las fuerzas en conflicto de los virreinalistas  y los nacionalistas; el cosmopolitismo de los estridentistas y más adelante de los contemporáneos; el surgimiento de instituciones académicas como El Colegio de México y El Colegio Nacional; hasta la lucha entre historia y mito encabezadas por  los Hiperionistas y Octavio Paz en la década de los ’50, Sánchez-Prado reconstruye el panorama intelectual y cultural de la historia mexicana que se agolpa entre 1917 y 1959.

El libro re-valora  el trabajo de figuras centrales a la cultura mexicana como Alfonso Reyes y Jorge Cuesta.  En ambos, cada uno estudiado bajo la operación singular de su obra, el autor encuentra dos figuras de intelectual que cuestionan el campo cultural y hacen de su aportación a él un ejercicio crítico, que permite establecer la plataforma esencial para la autonomización del campo literario. El autor ve en las obras de ambos,  más allá del contenido y la forma de la escritura- que no por ello le resultan menos valiosas-  ciertos gestos performativos  que los sitúan al margen del discurso hegemónico de su época; y mediante los cuales se erigen como intelectuales y contestatarios esenciales al régimen cultural dominante.

Pensando en las discusiones académicas actuales en las que el concepto “nación” ha sido desplazado por proyectos, si se quiere,  menos “monolíticos” y más plurales, Naciones intelectuales  impone un desafío al campo literario. El libro de Sánchez-Prado abre preguntas que como académicos, críticos o escritores no podemos ignorar. Ante el impasse que se apodera del ámbito intelectual mexicano en relación a su incidencia  en la esfera pública, resulta imprescindible posicionarse y crear nuevos proyectos y espacios contra-hegemónicos para la movilización política de la cultura. Si ya no es posible pensar en términos de “nación” el desafío es enorme, y el libro de Sánchez-Prado es el primer paso del camino. El estudio que el libro hace de la tradición,  pensándola desde el concepto “naciones intelectuales”, muestra una semilla que ha estado latente y germinando desde el principio de la modernidad mexicana hasta hoy,  y en cuyo núcleo reside la posibilidad de transformar o de re-ubicar el pensamiento que versa en torno al campo cultural mexicano y en relación a su proyección política . Se trata, como puede leerse en la siguiente cita, de imaginar una forma alternativa de la tradición literaria mexicana; de dislocar las genealogías literarias y trazar con ellas nuevos recorridos a explorar por los críticos culturales:

¿Cuáles son las consecuencias de pensar una tradición dónde la fundación no radique en los mitos de la virilidad de Jiménez Rueda y Abreu Gómez sino en el intento de una cultura crítica y no siempre afirmativa de Jorge Cuesta?

¿Cuál es el potencial crítico de la idea de mexicanidad cuando se define no desde la fijación mitificadora de Octavio Paz sino desde la cuidadosa historización emprendida por Luis Villoro?

¿Cuáles son las contribuciones de las naciones intelectuales al debate cultural y político actual en México? (p. 242)

Ana Sabau (México 1984) cursó la carrera de letras en la Universidad Iberoamericana y fue becaria en El Colegio de México. En ese tiempo participó en la edición del libro Paisaje en las nubes: crónicas en El Mundo 1937-1942 de Roberto Arlt. Recientemente publicó un artículo sobre la literatura de Alfonso Reyes en Arqueologías del centauro. Actualmente realiza sus estudios doctorales en la Universidad de Princeton.

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Esta entrada fue publicada el septiembre 20, 2011 por en Ensayo y Crítica, México.

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