Guillermo Irizarry reseña la novela de Guillermo Rebollo Gil (Puerto Rico)

Guillermo Rebollo-Gil. Cotidiano y Clemencia/Cartas de Agustín Nochero, Guillermo Rebollo-Gil. Ediciones Aguadulce, 2018.

Mucho de la novelística más interesante del siglo 21 puertorriqueño deconstruye metódicamente el principio del relato inspirado por una acción y se aleja sintáctica y estilísticamente de lo prosaico. A la par con esta tendencia, Guillermo Rebollo Gil postula una novela que no lo es. Recordando que Carpentier aseveraba que la novelística caribeña debía asir la imagen justa, sugiero que esta tendencia de escribir novelas que no lo parecen descubre que los principios genealógicos de este género literario no se adecúan a la época de la catástrofe en Puerto Rico (y en el globo). En Cotidiano y Clemencia/Cartas de Agustín Nochero de Rebollo Gil, los múltiples quiebres, rupturas, grietas y fisuras apuntan al colapso de una lógica totalizadora, la cual podría leerse como derogación de la racionalidad moderna, del heteropatriarcado, de sistemas genealógicos o de estirpes jurídico-literarias. Ariadna Godreau Aubert, en su penetrante prólogo—“Advertencia e invitación”—acertadamente llama a Cotidiano y Clemencia una novela “a regañadientes”. Cabrían otros apelativos como novela lírica, novela onírica, (anti)novela, (no)novela epistolar, esquizo-novela, mas prefiero tildar este libro de texto anfibio. La clave la da el autor en uno de sus dos epígrafes, “Cada vez que nombramos se rompe alguna cosa”, citando a Juan Carlos Quiñones (el otro epígrafe es de José María Lima). De este modo, al decir novela o narrativa, se postula un horizonte de expectativas para luego desvirtuar las del público lector.

Rebollo Gil publica este texto después de una producción poética enjundiosa, a mi ver siempre insuflada de una imaginación novelística. Si bien su poesía traslucía una predisposición narrativa, su ficción inscribe una sintaxis lírica amén de un buen número de poemas-cartas (al menos un cuarto de la obra). El libro está dividido en dos partes: I. “Cotidiano y Clemencia”; II. “Cartas de Agustín Nochero”, la cual a su vez se subdivide entre “Las definiciones” y “Las cartas”. La repartición homenajea a la Rayuela de Cortázar, con sus divisiones “Del lado de allá”, “Del lado de acá” y “De otros lados” (los capítulos prescindibles). Superficialmente, la trama de Cotidiano y Clemencia se reduce al embrollo de la filiación y a una historia de amor resumidos principalmente en la primera de las dos partes del tomo, “Cotidiano y Clemencia”, revelada con tensiones internas y de forma ofuscada, con variaciones en la voz narrativa, con una ambientación nebulosa en la que no aparecen datos geográficos, e interferido por formas líricas, oníricas, místicas o alucinógenas.

En el primer capítulo, se revela que Cotidiano es hijo de Todas las Noches, cuyo nombre surge de que en la casa familiar lo “llamaban Todas las Noches para que regresara” (27), lo esperaban para partir el pan y él nunca venía. Cotidiano y Clemencia se conocen y de su unión resulta un hijo, Agustín Nochero. Los fundamentos de esta historia se reciclan, entreveran y contradicen, como parte de la lógica interna de la obra. Pronto se indica que Cotidiano fue comprado por Todas las Noches, a cambio de semillas y cigarrillos. Asimismo, Cotidiano, voz narrativa en primera persona del primer capítulo, informa que Clemencia no le teme a su padre porque “no tiene” (30). Acto seguido, siguiendo un desplazamiento semántico del vocablo “padre”, la voz narrativa lo nombra, “Augusto Angosto es el nombre del hombre enviado por Clemencia a vendérmela”. El drama familiar del libro se revela como coartada, ofuscación e inscripción de la violencia en la filiación.

34175977_2044265329165496_369660980398915584_n_1024x10242x.jpgŽižek, de cierto modo en respuesta al Anti-Edipo de Deleuze y Guattari, defiende que el sujeto posedípico es imposible. Aunque no interesa contradecirlo, sugiero que gran parte del valor de Cotidiano y Clemencia es hacer que el sujeto posedípico se haga plausible, que encuentre formas discursivas para pensarlo y así resignificar el embrollo y la violencia de la filiación, del heteropatriarcado y del Estado. Los padres de Cotidiano y Clemencia son desertores, impostores, perseguidores, cadáveres y espectros. La filiación se evade y ofusca por medio de perspicaces juegos verbales y conceptuales.

“Mi papá fue un cadáver conmigo, jugábamos a maquillarlo” (30);

“Otra palabra para error es cadáver. Otra palabra para cadáver es padre” (37);

“Todo parentesco tiene su precio” (70).

Asimismo, la paternidad, la ley del padre inscrita en el relato, se simboliza por medio de lo espectral. La filiación se asienta como racionalidad prescrita, sugeridora de una especulación con el valor de colectivos familiares y de economías de saberes que deben derogarse.

“<<Un padre fantasma,>> dice [Cotidiano] y se ríe consigo mismo, consciente de que un libro de pan no es más que otro libro del padre, tocado y trozado por las manos del hijo, pero nunca reescrito del todo. Luego le untará mantequilla y comerá. Sabe a podrido” (69).

Visibiliza así una interrelación entre escritura y genealogía: acusación de que la literatura puede ser cómplice del patriarcado y del poder del Estado. A mi ver, la tropología de la catástrofe de la filiación, lugar discursivo del sujeto posedípico, es uno de los logros mayores del volumen de Rebollo Gil. Pero el drama de la subjetivación supera el drama familiar e intuye la destrucción de una jerarquía de saberes, de filiaciones y de genealogías.

En sintonía con esta intencionalidad, el texto rompe con la racionalidad discursiva y con el ordenamiento teleológico al desarrollarse como por iluminación, intuición o delirio, reproduciendo la lógica del jazz libre o el jazz vanguardista, con sus digresiones, contradicciones y disonancias. La lógica del texto, por tanto, se aleja de una verdad inicial y la desmiente. Prefiere sondear los contrasentidos, las tangentes, las rupturas. El proyecto está inscrito en la estructura misma del libro: oscilación entre géneros literarios disímiles; interrupción, ofuscación y variación de los elementos fundamentales de la historia; y divagaciones intertextuales. Este texto anfibio, sugiero, cala la destrucción de la racionalidad que subroga el orden patriarcal.

Las dos voces narrativas iniciales, Cotidiano y Clemencia, revelan que originalmente el texto iba a comenzar con esta oración:

“Nunca nada de lo acontecido podría ser verdad más allá de la simpleza infinita de un recién nacido entre dos desconocidos que inútilmente conversan en una fiesta” (46).

Esta apertura alternativa insinúa una verdad original que ha sido alterada. Ponderemos la traducción que apunta a un original con el que tiene que negociar su propia autoridad; o un acontecimiento que al relatarse subvierte el original. Aparte del antedicho inicio alternativo y el epígrafe de Juan Carlos Quiñones, a través del texto una idea se repite con variaciones:

“La forma remite al lector al trazo de la mano sobre el papel donde ha quedado plasmado el texto que glosa” (32-33).

Remitiéndose al tropo del palimpsesto, la voz narrativa imagina la remoción de la superficie narrativa para exponer un sistema críptico, el cual parece insinuar una diégesis anterior al texto publicado. Consideremos un cadáver disecado o, mejor aun, un cuerpo desollado que descubre los órganos de un organismo (reminiscente del cuerpo sin órganos de Deleuze y Guattari, o de los órganos sin cuerpo de Žižek). En sincronía con esto, en el libro dominan los tropos de la disemia, el juego de palabras, y la anamorfosis, y recurrentemente aparecen laberintos, terrenos baldíos, cuartos, cavernas, floreros, ataúdes y otros contenedores que se quiebran y derraman su quid—ideas, tiempo, flores, amor, hijos.

Cotidiano y Clemencia me hace pensar en Rashomon, por su modo de repetir y relatar lo que parecen ser versiones diversas de un mismo acontecimiento. Aunque cabe este intertexto para identificar cierto resabio perspectivista o para representar la interrogación del verdadero acontecimiento por medio de versiones discordantes, reconocer este intertexto no es necesario para apreciar el valor y el significado de la obra. Esta anti-novela deshace los linajes literarios que insinúa, entre los que se cuentan la magistral Pedro Páramo de Juan Rulfo, Borderlands/La frontera de Gloria Anzaldúa, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, o El principito; también Rayuela, 62/modelo para armar, “El perseguidor” y otros textos narrativos de Cortázar; la narrativa de Juan Carlos Quiñones, la poesía de José María Lima; y “Qué lío” de Héctor Lavoe, Willie Colón y Joe Cuba, entre otras composiciones citadas. Los linajes literarios o textuales se desmontan, se tornan escombros o lotes baldíos (Empty Lots, como la bitácora digital del autor) tan pronto como los identificamos, hurgando la lógica de la destrucción que ocurre en el instante que nombramos algo.

Este texto anfibio, anti-novela o “novela a regañadientes” es un libro difícil y exquisito a la vez (no hay contradicción, tampoco ínfulas aristocratizantes). Resulta asimismo un texto que provoca y embruja, como una catástrofe o un espectro. Hallo en este tomo las características de un verdadero acontecimiento literario que, me aventuro a vaticinar, será evidenciado con varias lecturas, diálogos y debates.

Guillermo Irizarry (Puerto Rico) es el autor de José Luis González: el intelectual nómada (2006) . Actualmente es catedrático de estudios puertorriqueños en la Universidad de Connecticut en Storrs.

Anuncios

Un comentario en “Guillermo Irizarry reseña la novela de Guillermo Rebollo Gil (Puerto Rico)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s