Martina Barinova reseña a Josefina Baez (República Dominicana/Estados Unidos)

Báez, Josefina. Levente no.Yolayorkdominicanyork. Latinarte. 2012.

 El show de la reality de Josefina Báez.

“Ficción. No ficción. Lo cotidiano en lupa. […] Una mujer sola se desdobla en muchas. Lo hiper-cotidiano se extiende. Se magnifica. Se repite.” (278).  

“Este no es un reality show. Este es el show de la reality.” (69). Así se presenta el texto Levente no.Yolayorkdominicanyork de la performera, danzante, educadora y escritora dominicana radicada en Nueva York, Josefina Báez. Una historia de una casa llena de mujeres inmigrantes, trabajadoras, madres solteras. Una casa-isla particular en Manhattan que se repite en cada barrio y cada gran ciudad. Levente no es un texto sobre la diáspora caribeña. Es una hiper-extensión de la realidad. Es un texto que hay que leer en voz alta. Está lleno de referencias locales y autorreferencias y narrado en el lenguaje vernáculo, dominican-ish, spanglish-ish. ¿Cómo es que me habla? Y, ¿cómo me relaciono yo con este texto, desde la posición de una mujer europea, que tiene su título y pasaporte, pero no tiene hijos…? Otra pregunta válida que no puedo evitar en plantearme para contextualizar mi mirada académica, la cual Báez reta a lo largo de su obra; cariñosamente, pero no sin tocar el talón de Aquiles de muchos de nosotrxs, las letrados. Teniendo en cuenta mi posición, me acerco a este texto como a un medio.

Marshall McLuhan dice “medium is the message,” (7) es una herramienta activa que está en diálogo con nuestro pensamiento, una extensión del ser humano. Levente no se extiende hasta mi pantalla en el corazón de Europa. Aprovechando al máximo de las calidades performativas del lenguaje, Josefina Báez, con sentido de humor, amor y afección, media la experiencia de la migración y al mismo tiempo pone en cuestión la (inagotable) palabra “globalización”, y le quita el peso al (sagrado) concepto de “otherness” y la noción de la nacionalidad (a lo mejor ya vencida). El texto es una manifestación de que la desterritorialización puede ser una forma de territorializar, habitar el mundo desde otras políticas – políticas centradas en cuidados, comunidad, vida. Como escribe Josefina Ludmer:

“…si la isla urbana en América latina es la ficción de un territorio que se puede desterritorializar, abandonar y destruir, la literatura ya no es manifestación de identidad nacional. Se trata de una forma de territorialización, que es el sitio y el escenario de otras subjetividades o identidades y de otras políticas.” (en Locane, 103)

Estas políticas resuenan con la definición de la economía decolonial según la ecónoma, teórica y activista feminista Amaia Pérez Orozco; economía que “de manera clave, implica construir pensamiento y acción, desde y con las experiencias económicas de las mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y de sectores populares (26) y “tiene que pasar por entender cómo se encarnan cotidianamente el bien-estar y el mal-estar, cómo la economía se hace cuerpo día a día.” (11) Báez hace precisamente esto en Levente no. Presenta una mirada “desde las márgenes,“ desde una de las minorías más precarias en Nueva York. Al personificar una Dominican-York. La autora asume la voz subalterna, pero no para mostrar la marginalidad como una deprivación, sino como una “fuente constante de estímulos ricos y variados.” (Durán, 77)

Your face draw a blank and went I told you my comfort food. Yes. I have the privilege of tasting yours and mine. And I would keep mine by choice. Arepitas de yuca, chocolate con maicena, yuniquecas, bollitos de harina de maíz (don´t forget to sprinkle some anís seeds) and morir soñando. […] Get your dictionary to  translate my comfort zone. And your brain will explode. So your tastebuds. I understand. And could not care less. (Josefina Baez,7)

Dice a la terapeuta de su escuela Kay, la protagonista-narradora de este monólogo-panfleto autobiográfico, que a la vez representa las voces de muchas inmigrantes (no solo) latinas a los Estados Unidos. Podría llamarse “Jahaira, Jessica, Yesenia, Jennifer, Isha, Aisha, Ashley, Michell, Chantelle, Tiffany, Stephanie, Melody, […].” Podría ser cualquiera y todas “esas niñas de la migración” (3). Pero se llama Quisqueya Amada Taína Anaisa Altagracia Indiga (el nombre también abunda de referencias a las raíces culturales y étnicas de la protagonista). Tiene 27 años y un pasaporte estadounidense; es una inmigrante de la primera generación. Esta información que se nos da sobre la protagonista al principio (por un narrador externo, un guionista que desaparece al definir la escena y reaparece de nuevo al final, para cerrar el libro) evoca ciertas ideas predefinidas sobre la vida de Kay… (Madre  trabaja en una fábrica, padre ausente, malnutrición… “Her family can´t understand her devotion to books. They are clean but very loud,” 7). Y Kay las rechaza desde el principio y a lo largo del libro: You can call me Kay. / Me, my USA passport. / Me my many gifts. / Me paganini. / Me my hot hip hop steps. / Mambo violento…” (5).

Como vemos en las citas anteriores, Kay orgullosamente reclama la parte dominicana de su identidad. Se define a través de las prácticas cotidianas y placeres sensuales (comida, música, baile, deseos eróticos). Y, lo cual es muy importante, como una habitante de su edificio, en su barrio en Manhattan, el Ni E´ (o Ni e´); “mi isla, mi pueblo, mi barrio, el pueblo-mundo… ” (61). El Ni E´, en términos de la anatomía humana la parte que está entre los genitales y el ano, simboliza un espacio in-between, un no-espacio, un ni acá ni allá. „Ni é es un edificio que aparece en cada barrio… Lo importante son las inquilinas. Viviendo muchos mapas simultáneamente […] (192). El hogar de una inmigrante abarca conocimientos diversos y estos se manifiestan en los rituales de cada día, en la cocina, en los cuidados, en el habla… Lo importante es cómo habitamos este espacio. El Ni E´ es un producto de actividad colectiva, donde, sin embargo, se respetan las individualidades de cada una de las mujeres. “En cada apartamento se cocina lo mismo pero diferente”. Como escribe Emilia María Durán, “Báez transciende aproximaciones tradicionales a la formación de comunidades e identidades en “glocalized environments.”[1] (73

Las muchas historias, microrrelatos, que se viven en cada apartamento juntas constituyen un mundo de complicidad y pertenencia donde se practican estas “otras políticas” de territorialización, políticas feministas. El edificio-mundo Ni e´ es la realidad vivida, constituye un tercer espacio: una perspectiva radicalmente abierta, un espacio donde las cuestiones de raza, clase y género se confrontan sin privilegiar una sobre la otra (Soja, 5). Este tercer espacio abre en nuestro pensamiento a posibilidades más allá de conceptos binarios (dominicano – americano, mujer – hombre, negra – blanca, inmigrante – residente). El Ni e´ es un mundo donde caben muchos mundos, como diría Orozco. Y como escribe Báez: “Ricos-ricas cueros-cueras-vegetarianosvegetarianas-artistasartistos-bisexualasbisexualos…” (115), porque para que el “mundo sea mundo, tiene que haber de todo.” (267)

El Ni e´, no es estático. Está lleno de vida, está siendo construido por sus inquilinas (Made in Ni E´…Ni E´ making, 160). Y más, representa a las mismas inmigrantes, pues ellas también están en un proceso constate de re-creación y adaptación. Báez media este proceso a través del lenguaje (code-switching, el uso del lenguaje vernácula y de spanglish, incluyendo los errores ortográficos y gramaticales y matices de pronunciación). El tercer espacio es formado por las abundantes recetas, tareas domésticas, por los conflictos generacionales entre madres e hijas, y peleas entre parejas que viven diariamente las inquilinas. Son esos pequeños triunfos y pérdidas de cada día que, explica Amaia Pérez Orozco, realmente miden el buen- y el mal- vivir. Un ejemplo por todos del Ni E´:

¿Ustedes saben que yo en verdad perdí viviendo aquí? Estregar bien la ropa. Yo no puedo lavar a mano más que un panti. De verdad. Ese pulso se desapareció con el frío. Eso es lo que he perdido con migrar a este país. (Josefina Baez, 98)

Kay, en su simbólico viaje entre sus hogares (su edificio en Nueva York y la Romana, el barrio natal de su madre en la “ERRE DE”), toca los temas como el turismo, la situación política y económica en la República Dominicana y las posibilidades que tiene una inmigrante de las islas del Caribe en Norteamérica, para concluir: “Migration is a hanger. And to stay back home is a hanger too. Life at its best. Hanger. Hanging. And handling.” (231) Pero Kay comenta los “grandes temas de las políticas globales” con distancia, desde la periferia de su edificio. Y en cierto sentido la periferia se muestra como un privilegio, pues este “handling” no es nada pasivo, ni tampoco victimizante. Es una constatación de unas políticas globales cuyo objetivo no es mejorar la calidad de vida de individuos o comunidades que por una u otra razón están a la margen. Pero también es una manifestación de micropolíticas paralelas bajo las cuales la vida está en el centro. Como dice el padrino de Kay, los inmigrantes nos van a enseñar “las cosas que hay que practicar para sobrevivir” (176).

En el texto abundan verbos que hacen, practican y crean, se mueven, demostrando que la identidad es un proceso productivo: “A processs which is constituted within representation.” (Hall, 222). Y que es performativa, lo cual explica Judith Buttler en relación con el concepto de género: “identity is performatively constituted by the very “expressions“ that are said to be its results.” (34) El texto Levente no a través de lo performativo constituye una subjetividad fronteriza consciente y confiada.

En este sentido, Báez sigue una tradición de “Sátira Menippea” (cuyas raíces alcanzan hasta las tragicomedias romanas del siglo III A.C.); una exploración del habla como un sistema de signos correlativos, un habla libre, carnavalesca. Es un tipo de comunicación ambivalente que consiste en el diálogo entre dos espacios; la escena y el jeroglífico, entre el espacio de representación por medio del habla y el espacio de experiencia en el habla (Kristeva 35).

En el contexto de la literatura latinoamericana, en cuanto al trabajo con el lenguaje en Levente sigue una política establecida por Gloria Anzaldúa quien creó la poética de la identidad fronteriza (chicana) empleando el spanglish, code-switching, la repetición y traducción en Borderland/La Frontera y otros textos. También Báez opta por usar el inglés, el español dominicano o neutral con ciertas intenciones políticas. Existe una relación jerárquica entre los dos idiomas. El inglés pertenece a las autoridades, al mundo anglosajón blanco, mientras que el español representa el hogar, las tradiciones, los trabajos de cuidado, los afectos y emociones. (Como vemos por ejemplo en la cita de la p.7 arriba.)

Kay tiene la ventaja de su USA passport, el GED y el equipaje de conocimientos de ambas culturas, lo cual le permite jugar con ambos idiomas, subrayar las diferencias entre las dos culturas, pero también subvertir la jerarquía. O, por otro lado, mostrar que estos dos universos lingüísticos y culturales pueden coexistir. La Dominican-York tiene el privilegio de fluir entre dos mundos. “Si estoy aquí vivo como los de aquí, si estoy allá , estoy allá. […] El aquí es mío. Y el allá también. Tengo residencia permanente en el Ni e´ ” (170).

Al recurrir a herramientas performativas / los actos del lenguaje, la autora evita “frivolous pseudostatements,” y despierta a la vida lo que nombra (Culler, 149). Y por si los lectores nos dormimos, viene la narradora a despertarnos: “Que levante la mano el que usa el mismo papel doblado otra vez cuando se limpia el culo.” (109) Observando el lenguaje de Báez desde las definiciones de la sátira menipea, hay que enfatizar la capacidad de actuar de este tipo de texto-performance. “Es una celebración de crueldad, pero también un acto político. No trasmite ningún mensaje, quizás solo el que ella [la sátira menipea ] misma es una alegría eterna de la actividad/actuación, y se agota en el tiempo y acto presente.” (Kristeva, 34) Este carnavalesco se refleja en la actitud apasionada de Kay, quien dice “esta vida es como un bolero si. Mejor quemarse bailando que escuchar la historia. Luz y sombra. Luz y sombra”. (98).

Las intervenciones teatrales en el texto, junto con el juego con la fonología, rima y el code-switch activan la atención del público. Pero también comunican un mensaje importante, y este es: todos somos seres humanos, con las mismas necesidades, deseos y placeres. Es una invitación a participar en la reconstrucción de la experiencia multicultral particular pero universal. Para Amaia Pérez Orozco, el pensamiento es una actividad colectiva, siempre.

 “Compartir el pensamiento se entiende como una voluntad de contagiar y contagiarse […] Esto nos obliga a lidiar con los significados diversos que aparecen cuando el conocimiento se pone en circulación.” (29)

Josefina Báez, en Levente no representa la cotidianeidad de una comunidad glocal con la intención (lo cual no significa imposición) de hallar cómplices y compartir su conocimiento y alegría de la actuación. Porque, como dice en la conclusión del libro: “Acercándonos más y más, seguimos con consciencia de los hechos. Así encuadramos lo particular, que es mundial, nacional, local desde las más variadas instancias.” (281)

En una ocasión reciente Cristina Rivera Garza menciona que textos que reflejan la precariedad de la vida bajo las políticas neoliberales en Latinoamérica abundan. Pero que faltan los que lo hagan con alegría y gracia. Para mí, Levente no es uno de ellos. Un texto vivo, escrito y leído con poesía, sentido de humor y amor. Y continúa dialogando y reconstruyéndose aun después de haber salido en forma de libro. Josefina Báez, desde su blog comparte con regularidad pequeñas anécdotas del Ni é. Ha salido un libro de fotografías, Carmen que acompaña el texto, pero para desarrollar una reflexión digna al tema del uso de varios medios para expandir las dimensiones del Ni E´ no me queda espacio. Cierro aquí para retomar este tema en otro trabajo. Levente no representa una realidad vivida, llena de sabores e ingredientes de un buen-vivir, de los cuales podemos (y debemos) aprender. Porque, como observa Homi Bhabha, “the truest eye may now belong to the migrant´s double vision” (en Locane, 16).

Martina Barinova (Prerov, Republica Checa, 1990) terminó su maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Nebraska-Lincoln en mayo 2017 con la tesis titulada “El rock en Nicaragua: un discurso de resistencia contra la neoliberalización o una re-definición de la tradición.” En la actualidad estudia en el programa doctoral del departamento de Literaturas romances en Palacky University en Olomouc, Republica Checa, mientras trabaja como maestra.

Bibliografía usada:

 

Buttler, Judith. Gender Trouble. Feminism and the subversion of Identity. New York: Routledge, 1990.

Culler, Jonathan. The Literary in Theory. Stanford: Stanford University Press, 2007.

Durán-Almarza, E. M. “Chewing English and Spitting Spanish: Josefina Báez Homing Dominican New York”. Camino Real. Estudios de las Hispanidades Norteamericanas. Alcalá de Henares: Instituto Franklin – UAH, 3:4 (2011):73-94. Print.

Hall, Stuart. “Cultural Identity and diaspora”. Identity: Community, Culture, Difference. Ed. Jonathan Rutherford. Lawrence & Wishart. London. 1990.

Kristeva, Julia. Polyfonie. Významy, pohlaví, světy. (trad. al checo Josef Fulka). Knihovna ceny Nadace Dagmar a Václava Havlových Vize 97. Svazek 10. 2000.

Locane, Jorge J. Miradas locales es tiempos globales. Intervenciones literarias sobre la ciudad latinoamericana. Iberoamericana. 2016.

Marhall McLuhan, Understanding Media: The Extensions of Man. McGraw Hill Education, 1964.

Pérez Orozco, Amaia. Subversión feminista de la economía. Traficantes de Sueños. 2014.

Soja, Edward W. Thirdspace. Journey to Los Angeles and Other Real-and-Imagined Places. Blackwell Publishers Inc., Cambridge, Massachussetts, 1996.

 

[1] Durán continua diciendo a propósito: notions of home and belonging, linguistic and cultural exclusivism, and racial, gender and ethnic rigid articulations are challenged, exposed and reframed. Báez’s performance practice thus becomes a powerful tool to combat assimiliationist praxis in global

localities. (73)

 

 

 

 

 

 

 

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