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Carlos reseña a Ángel G. Quintero Rivera (Puerto Rico)

Ángel G. Quintero Rivera. Cuerpo y cultura. Las músicas “mulatas” y la subversión del baile. Madrid: Iberoamericana, 2009.

¿Cómo pensar desde el cuerpo? No ya el proyecto de un saber sobre el cuerpo, sino de un saber que toma como punto de partida el cuerpo en movimiento: el baile. Partir de la música, del ritmo y del baile para hacer formulaciones de índole socio-político es comprender que una vasta gama de teorías políticas se esconden detrás de lo que podríamos llamar las dinámicas de las formas menores: es ésta tal vez una de las grandes intuiciones que marcan el pulso de Cuerpo y Cultura, el último libro del sociólogo Ángel Quintero Rivera. En diálogo con los repiques de los ritmos caribeños, siguiéndole los pasos al “swing” de Ismael Rivera, marcando la clave detrás de los primeros desvíos proletarios de la contradanza habanera, el libro de Quintero Rivera vislumbra un mundo de formas subversivas que nos permiten repensar una serie de categorías políticas desde la óptica puramente formal de la música y del baile. ¿Cuál es la forma de la subversión  vista ya no en clave marcial sino en esa clave mínima que es el baile? En este libro, el autor explora una serie de preocupaciones que ya lo perseguían desde sus primeros años como sociólogo y que habían quedado ya plasmadas en su anterior libro Salsa, Sabor y Control que en 1998 le había valido el Premio Casa de las Américas. Más de una década ha pasado desde entonces y el aparato conceptual desde el cual piensa Quintero Rivera  se ha agudizado. La propuesta permanece sorpresiva y fresca: en Cuerpo y Cultura conceptos políticos tales como ciudadanía, raza, poder y orden – entre otros – se ven descentrados por un saber corporal que se encarga de alejar los respectivos debates del reino de los campos discursivos, acercándolos a un mundo puramente formal. Pensar el cuerpo de la subversión no ya solo como discurso sino como forma, he ahí el gran acierto de este libro.

No nos ha de extrañar entonces que un libro que se toma tan en serio la forma, se configure a partir de aquello que pretende estudiar. Tres partes estructuran el libro de Quintero Rivera, tres partes que corresponden a la estructura básica de las músicas “mulatas” que el autor pretende estudiar: el primer capítulo, subtitulado “Baile y ciudadanía” – en donde se propone un pulso conceptual desde el cual desestabilizar las dicotomías políticas occidentales – se titula, apropiadamente, Paseo, de acuerdo a esa corta introducción musical que le permite al varón sacar a la pareja a bailar. El segundo capítulo, subtitulado “Breve historia social de las bailables músicas ‘mulatas’ “, se titula “Merengue”, de acuerdo a ese momento que instaura el cuerpo central del baile, donde la melodía todavía reina, aunque ya empieza a tomar los desvíos de la improvisación. Es aquí donde Quintero Rivera hace un recuento de la historia del baile en parejas dentro de las música caribeña – desde la danza hasta el reggaeton. Historia para ser leída siempre en tensión con las propuestas teóricas del paseo. Y finalmente, a modo de latido sincopado, encontramos el tercer capítulo, subtitulado “Polirritmo a tres tiempos”, el cual sigue la estructura del Jaleo, ese momento en donde la composición se abre a la intensidad de la  improvisación y de la sorpresa corporal. Mediante esta composición en tres pasos, Quintero Rivera nos propone un esquema de cómo romper la dicotomía occidental que opone cuerpo y mente, cuerpo y cultura: se exhibe aquí cómo la cultura y el pensamiento están constantemente atravesados y anudados por los aspectos formales que introduce la música bailable.

Cuerpo y Cultura pertenece a una tradición del pensamiento musical caribeño dentro de la cual se inscriben libros tales como el reciente La Máquina de la Salsa: Tránsitos del Sabor de Juan Carlos Quintero Herencia y que se remonta hasta los canónicos textos de Alejo Carpentier sobre el origen de la música cubana. Se trata de una tradición que intenta exaltar el valor de la música caribeña – aquí entendida como bajo el título de músicas “mulatas” – a través de una oposición entre la preeminencia de la melodía en la música clásica “occidental” y la primacía del ritmo dentro de las músicas bailables del caribe. Esta distinción, aunque problemática, es tratada en el texto con suma cautela: Quintero Rivera intenta alejarse, una y otra vez, de las políticas identitarias y raciales, que tienden a encapsular la crítica caribeña a un mero elogio de la heterogeneidad. Sin embargo, falto de un vocabulario capaz de describir ese más allá de la heterogeneidad caribeña, el lector a veces tiene la sensación de que sus intuiciones se mueven hacia un más allá que su propio discurso es incapaz de enunciar, atrapado como está dentro de una serie de conceptos de gran anclaje. Aún así, el libro apunta hacia ese horizonte donde el discurso deja de ser lo fundamental y se establece un diálogo directo con las políticas formales del ritmo y del baile. Así, por ejemplo, me parece de gran valor, la noción de ciudadanía que Quintero Rivera concibe a partir del valor que el soneo – forma improvisada y atravesada del canto – toma en la música caribeña: en la música caribeña, nos recuerda el autor, la melodía viene a ser desestabilizada por los repiques de la improvisación. Y cito: “En éstas [las músicas mulatas] , pues, la expresión es necesariamente comunicación: el estribillo comunal manda, y el soneo individual florea” (54). Así, partiendo de un mero elemento formal, el autor se muestra capaz de proponer una noción democrática de la ciudadanía que descentraliza el poder de la melodía central, en una constante propuesta de líneas de fuga que a su vez se ven actualizadas en las incesantes e inesperadas figuras de los bailarines.

Si Cuerpo y Cultura se ve a veces atrapado entre los discursos agotados de la heterogeneidad cultural caribeña y sus intentos por trascender estos discursos – dato que se vuelve evidente al ver las comillas que usa para referirse a las músicas “mulatas” – es tal vez porque la crítica todavía anda en busca de ese nuevo vocabulario para pensar la música y el baile como fenómenos culturales y políticos. Cuerpo y Cultura, aún cuando no resuelve el problema, señala la ruta, al proponer – en sus repiques finales –  un estudio de algunas de las categorías estéticas centrales dentro de la apreciación de la música caribeña. Tal y como Federico García Lorca, casi un siglo atrás, proponía al duende como categoría estética desde la cual pensar el flamenco, Quintero Rivera propone categorías marginales – tales como el swing, el sabor, el saoco – para pensar el valor estético y político de ese nudo que de repente se empieza a formar entre cuerpo y cultura. Al margen de las grandes categorías estéticas – lo bello, lo sublime, la gracia – se instauran aquí categorías menores desde las cuales una futura crítica podría empezar a construir un nuevo discurso sobre el baile y su relación con la política. En la apuesta a estas formas menores y su relación con la política, en el juego con estas categorías menores y su función en la construcción de lo social  – diría yo – recae el gran potencial teórico de este libro que propone pensar desde los límites de la razón: desde el cuerpo en movimiento.

Carlos Fonseca Suárez (San José, Costa Rica, 1987) es candidato doctoral en el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Princeton. Obtuvo su bachillerato en Literatura Comparada de la Universidad de Stanford, en donde se dedicó a escribir sobre poéticas de movimiento, ritmo y gracia. Actualmente cursa su segundo año en el programa y se dedica mayormente a definir sus intereses tanto académicos como literarios con miras a localizar su futuro tema de disertación.

6 comentarios el “Carlos reseña a Ángel G. Quintero Rivera (Puerto Rico)

  1. José Prats Sariol
    septiembre 28, 2011

    Enuncia un tema que nos muerde: el uso de un vocabulario convertido en tópica facilista e inane. Excelente reseña, con mulata de oro, como dijera Nicolás Guillén.

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Esta entrada fue publicada el septiembre 27, 2011 por en Ensayo y Crítica, Puerto Rico.

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