Martina Barinova reseña un libro de ensayos de Guillermo Rebollo-Gil (Puerto Rico)

Última llamada. La emancipación política del(a) puertorriqueño(a) desde la mirada poética de Guillermo Rebollo-Gil. Desde la academia hacia el arroz.

 Rebollo-Gil, Guillermo. Última llamada. San Juan: Ediciones UNE. 2016. 204 páginas.

La idea es que este libro cumpla con los requisitos de producción intelectual estipulados en mi contrato de profesor investigador. Me toca pues (re)producir conocimiento en estas páginas […] Según mi contrato se supone que escriba ensayos académicos. Los poemas no cuentan. (15-16)

No se nos puede escapar cierto cinismo de este comentario. Ni del resto del libro. Parece que, para el profesor, sociólogo, y poeta puertorriqueño, sus campos de intervención presentan un conflicto. Y Rebollo-Gil lo sigue explorando a lo largo del libro con una dosis de auto-escepticismo casi incómoda, puesto que la mayoría de los lectores probablemente nos identificamos con éste de alguna manera. No obstante, esta tensión con la cual se define el narrador/autor, tan sincera, le permite mover el debate del discurso puramente académico a los momentos de protesta mucho más precarios y caóticos: cotidianos, extraños, valientes, desesperados, fracasados, pero siempre urgentes. Sin dejar al lado la poesía y sin negar la autoridad (y responsabilidad) política que supone su posición de un catedrático, varón y blanco, Guillermo Rebollo-Gill propone “iniciar una conversación sobre el racismo [y podríamos añadir que también sobre el sexismo, la inestabilidad económica, la ciudadanía, la academia y la iglesia] en Puerto Rico desde otras coordenadas” (186).

En Última llamada, Rebollo-Gil abre esta nueva discusión desde espacios poco convencionales como videos de youtube con unas cinco mil visitas, comentarios publicados en medios sociales por los sujetos más oprimidos junto al discurso, al parecer, omnipotente, de las reacciones de los más privilegiados en la sociedad puertorriqueña y de los medios de comunicación. El poder, la ley, el discurso y el conocimiento contra la masa. Estas manifestaciones de la realidad social puertorriqueña actual las mira desde Zizek, Morrison, Bolaño, Rancière y Butler, y en las intermisiones (re)lee a los “clásicos”. En fin, esto es lo que se espera de un profesor investigador especializado en “raza, clase, género y actos de protesta” (16). Pero también, en la organización del libro y la selección de los objetos del estudio, podemos apreciar el consciente trabajo que hace Rebollo-Gil por redirigir el esfuerzo intelectual a las esferas de la vida – urgentes, casi tangibles, y sin embrago, invisibilizadas.

La mezcla de medios, fuentes, voces, signos ortográficos e idiomas, condensada en doscientas páginas, a veces en menos de un párrafo, puede resultar algo intimidante y difícilmente accesible. Pero, aun así, Rebollo-Gil invita a los y las lectoras a un juego, serio, politizado y a la vez tan íntimo, lírico y travieso como lo puede plantear solamente un poeta. A veces, el poeta se permite soñar, a veces la realidad es como un sueño, o una pesadilla: dinamitar un correo, eliminar a los políticos y a los periodistas quienes dicen que a las mujeres en Puerto Rico las asesinan porque se lo piden cuando caminan por la calle, bailar libremente, escribir un libro sobre los poetas y los fiscales que son amigos todos, o leer junto con sus estudiantes la novela 2666 y dejar que interceda con sus vidas por varias semanas.

Como activista, Rebollo-Gil defiende la validez y la necesidad inminente de protestar, ruidosa- y excesivamente (como lo hicieron los estudiantes en la segunda huelga) y silenciosamente (como la mujer afro desnuda en el poster con dibujitos de una guerrera Zapatista y con las letras que dicen “Que el capitalismo y el patriarcado caigan juntos”). Rebollo-Gil se detiene tanto ante los momentos de valentía (como el Ritual de Pluma y Purificación del activista Mickey) como ante los de desesperación (como el mensaje de Twitter que dejó un tal “Yo”, medio-analfabeta y frustrado por su situación precaria, al político García Padilla. Lo sentenciaron a seis meses en la cárcel.). No para llegar a un desenlace simpático y simplicista, si usamos las palabras del autor (186), sino para contagiar al lector con la voluntad a participar.

Diría pues que el fracaso aburrido de Occupy se debió a la falta de extremos y excesos que caracterizaron el fracaso inspirador de la segunda huelga universitaria. Esto lo digo muy probablemente por puro fanatismo. Pero, para ser franco, me parece que el fanatismo en este caso procede. Procede insistir inútilmente y oponerse aun cuando la oposición asuma formas incomprensibles, ridículas, peligrosas. O más bien, debemos insistir en esas formas como la fuerza motor que nos ayudará a romper con el cerco ideológico del sujeto que cree habitar un país donde grandes cosas ni grandes causas surgen a su alrededor […] Habría que exigirle entonces [a la protesta] que sea desmesurada, que posibilite ocasiones que las cosas pasen, en que los actores envueltos se pasen, pues es en el exceso, en la demasía del decir y del hacer de la protesta donde podemos, como comunidad, apreciar verdaderamente la gravedad de un asunto político. ¿Cómo más saber qué causas, qué cosas realmente importan? (101-102)

Desde la cotidianeidad de una sistemática violencia y desigualdad racial-, sexual-, y económica, Rebollo-Gil plantea una pregunta esencial y universal: ¿hay un afuera del capitalismo? Y aunque no presenta una salida ubicua, sí nos invita a expandirnos, a comprometernos a prestar atención. Porque, como explica Jameson, “la empatía no es algo que simplemente nos pasa. Es una decisión de prestar atención, de extendernos”.[i] Rebollo-Gil cree que la escritura proporciona el espacio para esta voluntad, consciente, de expandirnos. Pero también es un espacio de vulnerabilidad.

Como profesor, Rebollo-Gil nos obliga a una lectura muy activa. Una se siente más bien como una estudiante, intentando captar por lo menos un par de gotas de la lluvia de ideas del profesor (a quien, como es típico, se le había olvidado que nosotros, los estudiantes, vemos la materia por primera vez). Me toca entrar en yutube y buscar el video en el que el activista Mickey con las nalgas prótesis se echa plumas pretendiendo así una protesta contra la “protesta de los sectores religiosos contra la educación con perspectivas de género en las escuelas públicas” (103-106).

Admito que no he comprendido completamente la conexión que hace Rebollo-Gil entre este video amateur y la Rayuela de Julio Cortázar, pues yo no he llegado ni a la página donde llegó él (varias veces). Abro otra ventana de mi buscador con la esperanza de que escuchando a Macha Colón y los Ocapi me llegue la esencia de la palabra “jayar”, y me apuro a tomar prestada la novela The Pale King. Como una buena estudiante, disfruto este juego; el profesor, mi guía virtual, me da suficientes índices (hasta me dice en qué orden escribir las palabras en google) para poder explorar los conflictos puertorriqueños desde cualquier sitio geográfico, por ejemplo, “de Starbucks en Starbucks / como los poetas Beat jamás hicieron” (157). Lo que es considerado “puertorriqueño,” por quién, y cómo se presenta ante distintas clases de público, es un tema que se desenvuelve y complica a lo largo del libro. Rebollo-Gil deja en el aire una pregunta implícita: ¿Y qué será de lo puertorriqueño si las cosas siguen en la misma dirección de hoy?

Si Rebollo-Gil pretende con su última (¿?) llamada “reproducir el conocimiento”, como promete al principio, si busca reafirmar las conexiones con los aliados de su campo, lo logra. El texto en gran parte consiste en la reproducción de los “conocimientos situados”, término que tomo prestado de la feminista española Amaia Pérez Orozco. Como explica la teórica feminista y anticapitalista, no se trata de la búsqueda de una verdad irrefutable y absoluta sino de entrar en un diálogo y buscar cómplices para ir construyendo mundos mejores (32)[ii]. Aun así, insisto que Rebollo-Gil se dirige a un público tan limitado y homogéneo (a los que ya estamos dispuestos a explorar desde las nuevas coordenadas y a formar alianzas) que no me puedo imaginar muy bien otro efecto del libro que la ((re)re)producción del conocimiento. Tampoco estoy segura que escuchen su Llamada fuera de los departamentos de humanidades. ¿Será por la falta de comunidad que Rebollo-Gil vuelve una y otra vez a la idea de la retirada? ¿Al mundo de Lejos/Lucas, del Starbucks a la playa, de la academia a la cocina?

Como poeta, Rebollo-Gil se salva en los momentos mágicos de la cotidianeidad, mirando a sus estudiantes cuando “[sacan] libros de sus mochilas como si ya nada los separara de la literatura” (175), o en la idea de “[…] sentarse y pensar. O nada más sentarse” (82), o en imaginarse a su hijo no nacido, “lo más impresionante que quisiera ver” (204). Como poeta y como humano, sueña. Sueña con una comunidad, un sueño que da miedo y esperanza. ¿Es realmente la última llamada que hace Rebollo-Gil desde la academia antes de retirarse hacia la política del hogar? A seguir explorando los infinitos espacios de la lucha política… Quizás la Última llamada es el futuro de la poesía. O de la política. O de la academia. O su final.

Me anima pensar que éste será mi último libro

/antes de empezar una familia

/antes de dinamitar un correo

/antes de aprender a hacer arroz. (83)

[i] Rebollo-Gil, Guillermo. Amigos en todas partes: En defensa de los agitadores. Editora Educación Emergente. 2016, pp. 119.

[ii] Orozco, Amaia Pérez. Subversión feminista de la economía: aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Madrid: Traficantes de sueños. 2014.

Martina Barinova (Prerov, Republica Checa, 1990) terminó sus estudios de maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Nebraska-Lincoln en mayo 2017 con la tesis titulada “El rock en Nicaragua: un discurso de resistencia contra la neoliberalización o una re-definición de la tradición.” En la actualidad trabaja para una ONG local en Lincoln Nebraska y se dedica a la literatura en su tiempo libre. Para El Roommate ha reseñado el libro Capitalismo Gore de Sayak Valencia.

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