Ingrid Robyn reseña “La futuridad del naufragio: Orígenes, estelas y derivas” (Cuba)

Juan Pablo Lupi y César A. Salgado (eds.). La futuridad del naufragio. Orígenes, estelas y derivas. Leiden: Almenara, 2019. 412 pgs.

En 1994 se celebró el cincuentenario de la revista Orígenes (1944-1956). El coloquio organizado para las celebraciones, realizado en La Habana, reunió intelectuales de diversas partes del mundo – incluyendo muchos de los que colaboran en el volumen colectivo que aquí nos ocupará – y adquirió resonancias internacionales. Por un lado, las celebraciones abrieron un espacio fundamental para re-evaluar críticamente el legado de la revista. Por otro, este momento representa también el punto culminante del proceso de re-habilitación oficial de su director, José Lezama Lima, iniciado en los años ochenta. Más aún, como argumentan muchos de los colaboradores de este libro, y otros antes de ellos, los años noventa asistirían a la consolidación definitiva de lo que tal vez pudiéramos llamar una “lectura oficialista” del legado de Lezama Lima y de la revista Orígenes. Dicha lectura – en gran medida ensayada en mediados los años setenta por Cintio Vitier, como lo argumenta César A. Salgado –, sería responsable por la obliteración de aspectos fundamentales de la obra de los escritores reunidos alrededor de Orígenes, y la completa marginalización de algunos de ellos, como es el caso de Virgilio Piñera y Lorenzo García Vega. Lo que se consolida en los noventa es un discurso según el cual la revista había constituido un proyecto coherente y hasta diríamos, monolítico – lo cual en su historia de vida, no lo había sido en lo absoluto. El origenismo aparece en esa lectura como expresión máxima de la teleología y el nacionalismo revolucionarios, como una suerte de prenuncio de la futuridad establecida por la revolución. La famosa sentencia de Lezama, “[había] que crear la tradición por futuridad, una imagen que busca la encarnación, su realización en el tiempo histórico”, de 1949, aparece, en ese contexto, como prefiguración de un tiempo de gloria por venir, que las lecturas posteriores de Orígenes hicieron coincidir con la Revolución Cubana.

Pero los años noventa también asisten a la disolución de la Unión Soviética, y con ella, el periodo de crisis que quedó conocido como Periodo Especial en Cuba. Nos interesa menos lo que había de “especial” en este periodo, que la correlación entre el tono que asumieron las celebraciones del cincuentenario de Orígenes, y las tensiones que, en aquel entonces, experimentaban muchos cubanos ante el discurso oficial de la Revolución – y que la historia, en gran medida, acababa de hacer naufragar. Eso es lo que explica por qué, al lado de los que comparecieron a las celebraciones del cincuentenario de la revista para recalcar la teleología insular y el nacionalismo de cierta Orígenes, supuestamente muy afín con el discurso revolucionario, estuvieran también voces disonantes, dando inicio a un embate de fuerzas en la que el legado, o más propiamente, el archivo de Orígenes se convertiría en campo de disputa, al mismo tiempo en que se confirmaba como un episodio ineludible de la historia cubana. A partir de 1994, se pone a descubierto lo que en realidad era ya una larga historia de discrepancias, disidencias, apropiaciones, loas y rechazos; una historia en la que a menudo lo que está en disputa es menos una lectura crítica de lo que realmente fue la revista Orígenes y la aportación de sus colaboradores a la literatura cubana, que una querella política sobre su presunto esteticismo, su aislamiento de la realidad circundante, o en el otro extremo, la supuesta afinidad de su proyecto estético-cultural con el discurso revolucionario – establecida, claro está, a posteriori – y el contexto de crisis que se inaugura tras el fin de la Unión Soviética. En las palabras de sus editores:

la preocupación del proyecto Orígenes por la precariedad, la contingencia y la pérdida como atributos de la futuridad no fue un asunto de trasmundo o de doctrina religiosa; provino de complejas convicciones cívicas, nacionales, artísticas y planetarias. (22 y 24)

Es éste, en gran medida, el argumento subrepticio al volumen colectivo La futuridad del naufragio. Orígenes, estelas y derivas, editado por Juan Pablo Lupi y César A. Salgado. La noción de “futuridad”, muy de moda en ciertos círculos académicos, aquí se hace clave: no se trata, solamente, de que el proyecto estético-cultural dominante en Orígenes tuviera una dimensión de futuridad, recalcada, además, por las lecturas que de dicho proyecto hicieron Cintio Vitier y otros después de él. Se trata, también, de considerar la revista en términos de su legado futuro, de sus apropiaciones posteriores, ya que su rehabilitación cumplió un papel fundamental en el Periodo Especial. La discusión sobre el legado de Orígenes, en aquel contexto, pasaba a ser también una discusión sobre el naufragio de la futuridad revolucionaria, y una suerte de mea culpa ante el proceso de marginalización que habían sufrido José Lezama Lima y otros escritores durante las primeras décadas revolucionarias; las estelas y derivas de Orígenes, en aquel entonces, se confunden con las estelas y derivas de la misma nación cubana.

La futuridad del naufragio. Orígenes, estelas y derivas, se abre con un prólogo a cuatro manos, o más bien “dos estelas”, en las palabras de sus autores. Se trata en realidad de dos textos intercalados, en los que Lupi y Salgado discuten los dos conceptos clave que aparecen en el título de la obra – “futuridad” y “naufragio” –, y evalúan tanto lo que fue el proyecto estético-cultural de Orígenes en su contexto, como sus apropiaciones posteriores; ya sea por parte de los mismos escritores anteriormente reunidos alrededor de la revista, ya sea por parte de sus detractores y defensores de ocasión. Se trata, esencialmente, de un ejercicio a la vez teórico e histórico, en el que se busca evaluar el legado de Orígenes en términos de las lecturas que de la revista y de la obra de sus colaboradores se produjeron tras el cierre de la revista, y en particular, tras la Revolución Cubana, así como el impacto de éstas en el sentido de producir una lectura oficial de lo que quedó conocido como el “origenismo”. En ese proceso, resaltan los autores, lo que se oblitera es casi tan importante como lo que se recalca:

la poesía [verdadera estela del origenismo] puede entenderse como un metadiscurso en el que la trayectoria de Orígenes se revela como entrecruzamiento de las pulsiones en conflicto que condensas futuridad y naufragio: teleología, providencialismo, nacionalismo, salvación, azar; contingencia, clinamen, deriva, fracaso. (17)

En este sentido:

explorar el archivo de Orígenes pone en evidencia una antinomia fundamental que de alguna manera constituye el núcleo germinador de lo “poético”: por un lado, el telos insularista, providencialista y excepcional, y por otro lado, lo que César A. Salgado ha descrito como “telos nómada”, un estado de flujos y devenires cambiantes que no puede sino caracterizarse bajo las categorías de lo nómada, rizomático y anorgánico. “La Isla”, en efecto, “comienza su historia en la poesía”, pero esta termina por engullirla, excederla, ponerla a la deriva, desterritorializarla. (19 y 21)

Es de esas dos Orígenes, o más bien, multiplicidad de Orígenes, que trata este libro.

El primer capítulo de la colección, “Cartas encontradas”, de Ben A. Heller, consiste de sus memorias personales alrededor de las celebraciones de los cincuenta años de Orígenes en La Habana. Los capítulos dos, once y doce complementan ese primer capítulo en la medida en que tratan, precisamente, de la lectura del proyecto estético-cultural de Orígenes que se impone en aquel contexto. El segundo capítulo, “La emergencia del origenismo en Diez poetas cubanos (1948) y Cincuenta años de poesía cubana (1952)”, de César A. Salgado, analiza la manera en que estas dos grandes antologías de literatura cubana, publicadas por Cintio Vitier en 1948 y 1952 respectivamente, forjaron el “origenismo”, entendido como un movimiento estético-literario homogéneo, como un fenómeno cultural cuya ruptura con relación a la generación de la Revista de Avance y supuesta coherencia programática justificarían el empleo del sufijo “ismo” para designar al conjunto de escritores reunidos alrededor de la revista. Esta lectura de Orígenes sería fundamental para su consagración en los años noventa, pero también para la exclusión de ciertos escritores del canon que se construye a partir de la obra de Cintio Vitier, como Virgilio Piñera y Lorenzo García Vega.

“Diáspora(s) y Orígenes: un trabajo de archivo contra el origenismo de Estado”, de Walfrido Dorta, trata de la importante intervención del grupo Diáspora(s) – “Proyecto de Escritura Alternativa”, y más tarde, revista – en cuanto a la contestación de las lecturas oficialistas de Orígenes que prevalecieron en el contexto de la celebración del cincuentenario de la revista. Diáspora(s), argumenta Dorta, a la vez se erige como el Otro de Orígenes, también recupera aspectos y colaboradores de la revista que desafían las lecturas que de ella se produjeron tras la Revolución, es decir, el “origenismo de Estado”. Diáspora(s) se presenta, así, como un primer intento de alejarse del discurso nacionalista que emerge con el Periodo Especial, utilizando a Orígenes, con todo su capital cultural, como blanco para sus crítica al establishment de la producción cultural cubana.

“Crecida de la ambición (po)ética: Vitier, Diáspora(s) y el arte de una teleología insular”, de Juan Pablo Lupi, es el texto que cierra la colección. Lupi se enfoca en la manera en que el proyecto Diáspora(s), y en particular, la obra de Rolando Sánches Mejías, desafían la lectura que hizo Cintio Vitier de la obra de José Lezama Lima y el grupo Orígenes; lectura cuyo corte católico, martiano y nacionalista, analizados en detalle por Lupi, le permitió a Vitier trazar un vínculo directo con la ideología revolucionaria y en particular con el discurso oficial que se construye – o más bien, se reinventa a sí mismo – a partir del Periodo Especial. Se trataba, según Lupi, de construir una teleología en la que “la poesía [origenista] y sus derivas proféticas” (374) se enlazan con la historia de la nación y el Estado, es decir, crearan el ethos de la polis. A esa visión de la obra de los escritores origenistas se opondría Sánchez Mejías en su famoso “Olvidar a Orígenes” y textos posteriores, en los que la lectura oficialista del legado de Orígenes sugiere una relación entre lenguaje y nación bastante afín con el totalitarismo.

El cuarto capítulo de este volumen colectivo, “La lengua agónica de José Lezama Lima”, de María Hernández Salván, también desafía la lectura que de la obra de Lezama ha hecho Cintio Vitier, enfocándose en la importancia de la carencia y la negatividad en la obra de Lezama – su “lengua agónica”, como la llama la autora, por contraste con la “teleología insular” que le atribuyó Vitier. Analizando la tensión dialéctica entre causalidad e incondicionado en el sistema poético del mundo lezamiano, el texto culmina con un análisis de Fragmentos a su imán (1976), tal vez el poemario de Lezama que menos atención ha recibido de la crítica, y que de manera más violenta desafía las apropiaciones que se hicieron de su obra en el contexto de su rehabilitación oficial.

El octavo texto de la colección, “Ruina, realidad, exterioridad. Contradicciones y paradojas del (neo)origenismo en Antonio José Ponte y Fina García Marruz”, de Aída Beaupied, se enfrenta con la supuesta incapacidad de los escritores reunidos alrededor de la revista de confrontar la realidad circundante, o lo que Fina García Marruz llama la “exterioridad”. Beaupied cuestiona las lecturas de Orígenes según las cuales los escritores reunidos alrededor de la revista le hubieran dado la espalda a la realidad, resaltando al contrario la importante que la realidad circundante tiene en dos escritores neo-origenistas: Fina García Marruz, en cuya obra el concepto de exterioridad es fundamental; y Antonio José Ponte, cuya poética de las ruinas se vincula a una serie de conceptos clave de la poética de José Lezama Lima y otros origenistas – en los cuales la añoranza es un tema central.

“Ediciones El Puente y los vacíos del canon literario cubano. Dinámicas culturales de los sesenta y el legado origenista”, de María Isabel Alfonso, ofrece una importante contribución al estudio de Ediciones El Puente (1960-1965), editorial que dialoga con el legado de Orígenes y cuya breve existencia se explica, por un lado, ante la poca atención que recibió en la época, y por otro, ante el proceso de satanización que sufriría por parte de los intelectuales más estrictamente vinculados al régimen revolucionario – especialmente, aquellos reunidos alrededor de El Caimán Barbudo –, debido a su supuesta “falta de compromiso” con la Revolución. Además de contarnos la historia de la breve aunque muy activa vida de El Puente, el texto de María Isabel Alfonso pone a descubierto el tipo de ataque que dictaría el destino de emprendimientos como Orígenes y la editorial El Puente en la construcción de un canon literario en la Cuba pos-revolucionaria, y que pasan no solamente por polémicas estéticas y políticas, sino también por argumentos ad hominem, borrándose así de la historia literaria de Cuba proyectos y figuras que en realidad ni siquiera se oponían al régimen revolucionario. Más aun, la autora nota que a El Puente acudió un gran número de escritores afro-cubanos, mujeres y homosexuales, sugiriendo que este factor ha contribuido también para su exclusión del canon cubano.

En el quinto texto de la colección, “Langue, parole y trasero en ‘Los siervos’ de Virgilio Piñera”, Allan West-Durán nos ofrece una lectura de “Los siervos”, obra teatral publicada por Virgilio Piñera en 1955, en las páginas de la recién fundada revista Ciclón. La obra, que no se estrenó en Cuba sino 1999, se presenta como un cuestionamiento filosófico de las bases ideológicas del socialismo soviético. Más allá de ofrecer excelentes insights sobre el comunismo en si, derivados de su lectura de la obra de Piñera, y de la relevancia de esta obra para comprenderse la Cuba contemporánea, el texto de West-Durán se ofrece como contribución fundamental a la crítica del que, tal vez, sea el escritor de Orígenes que de manera más obvia desafía las lecturas monolíticas de que ha sido objeto la revista en la Cuba pos-revolucionaria.

El sexto artículo de este libro, “En la lente de Julio Berestein. ‘Lo que puede usted ver en el Museo Nacional’ y las (más)caras de la cámara en Virgilio Piñera”, de Pilar Cabrera Fonte, complementa el texto de Allan West-Durán con un análisis de los diálogos entre la novela Pequeñas maniobras (1956-57) de Piñera y la fotografía, en gran medida derivados de su amistad con el que vendría a ser fotógrafo oficial del Museo Nacional, Julio Berestein. El texto ensaya un interesante paralelo entre la figura del fotógrafo que toma fotografías de obras de museo con la figura del artista-testiguo, sugiriendo que la obra de Piñera, más allá de reflexionar sobre la figura del artista marginado, ofrece una reflexión sobre la difusión, comercialización y legitimación de la cultura; lo cual en última instancia, se podría ver retrospectivamente como un prenuncio del proceso de marginalización que sufriría el mismo autor tras la Revolución.

“Birds of a Feather. Reina María Rodríguez and the World Republic of Letters”, de Elena Lahr-Vivaz, explora la labor y la obra de la poeta Reina María Rodríguez como un intento de crear un espacio al margen de las instituciones oficiales de producción y divulgación de cultura, una “república de las letras” que, desde Cuba, dialogara con la literatura y las artes internacionales. Su argumento es que la labor aglutinadora y la obra de Reina María Rodríguez crearían una suerte de archipiélago de las letras, un espacio discontinuo en el que, sin embargo, la obra de jóvenes escritores cubanos dialogan con el exterior. Tomando en cuenta su trabajo como tutora de jóvenes escritores, Lahr-Vivaz también analiza la influencia de la poeta en la obra de Ricardo Alberto Pérez y Ramón Hondal, cuyas heterotopías, argumenta la autora, son herederas directas de la “república de las letras” creada por Reina María Rodríguez. Aunque no lo destaque, ese tipo de labor se asemeja mucho a la labor que hizo José Lezama Lima a través de la revista Orígenes, con la diferencia de que, en el Periodo Especial – periodo en que Reina María Rodríguez empieza a hacer reuniones de escritores en la azotea de su casa –, ese tipo de espacio alternativo se veía como todavía más fundamental que en la época del origenismo.

“Triumphs of Verticality/Horizontal Reactivations. Forces at Work in and Around Soleida Ríos’ Elegy for Ángel Escobar”, de Kristin Dykstra, analiza dos versiones de la “Ángel Escobar: excogitar La Rueda”, de Soleida Ríos, en sus diálogos con la obra de José Lezama Lima y Aimé Césaire. Su análisis se enfoca en la manera en que los textos de Soleida Ríos presentan a la nación como una fuerza verticalizante y opresora – especialmente en lo que toca a los sujetos afro-caribeños –, a la vez que establece un dialogo horizontal con otras islas del Caribe.

El tercer capítulo del libro, “Translation as Consecration: Saint-John Perse in Orígenes”, de Tom Boll, trata de la traducción de un poema del escritor guadalupeño Saint-John Perse que Lezama publicó en Orígenes en 1946, y que luego aparecería bajo la forma de panfleto en 1961. El texto se enfoca en las muchas instancias en las que Lezama traduce mal los versos del poema. Aunque no es posible determinar si lo hace deliberadamente, o por carencias lingüísticas, el hecho es que, según Boll, la traducción de Lezama se distancia del poema original de Saint-John Perse, anclándose en una visión del yo, de la noción de elán creativo y del lenguaje afines con el romanticismo. Ese tipo de apropiación de figuras ya consagradas, argumenta Boll, estaría entre los gestos que insertan la revista Orígenes y la obra de José Lezama Lima en la vanguardia internacional.

Hacer justicia a todas las contribuciones individuales que encontramos en este volumen sería, por supuesto, tarea imposible. Esperamos que, al menos, los pocos párrafos arriba le sirvan para orientar al lector interesado en temas particulares a navegar por este libro, que ya nace como contribución fundamental a los estudios sobre el llamado “origenismo”. Concluyo, entonces, destacando que se trata del primer volumen colectivo en tratar la revista Orígenes exclusivamente tras Orígenes, es decir, bajo la perspectiva de sus derivas futuras. Las metáforas náuticas, tan caras a la Revista de Avance – ironía de las ironías –, a veces necesitan de un astrolabio para dejarse hacer leer.

Ingrid Robyn es profesora de literatura latinoamericana en la Universidad de Nebraska-Lincoln. Tradujo una colección de poemas de Lorenzo García Vega al portugués titulada Palavras que repito, publicada por la editora brasileña Lumme Editor en el 2017. Actualmente, trabaja en la escritura de su libro académico, Rostros del reverso: José Lezama Lima en la encrucijada vanguardista, todavía sin fecha por publicarse. Para El Roommate ha reseñado libros de Ángel LozadaPablo de CubaAlberto GarrandésReinaldo Arenas Luís MadureiraLorenzo García VegaTiago Savio, Oscar G. Dávila del Valle  y Rita Indiana Hernández.

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