Luis Othoniel reseña ‘Desenlace’ de Marta Aponte Alsina (Puerto Rico)

Marta Aponte Alsina. Desenlace. Cuentos de fantasmas. Puerto Rico: Sopa de Letras, 2021. 89 páginas

«Construyo mundos para criaturas abandonadas, utopías para hormigas, repúblicas perfectas y prósperas para micro insectos, raíces de corteza suave hinchadas como manos reumáticas, sometidas al rigor del corte, a salvo del desamparo. La forma de un bonsai se fija entre el instinto y el pensamiento” Marta Aponte Alsina. Desenlace.

¿Ya es hora de dejar que el olvido se trague la voz de los fantasmas? ¿Qué harán los seres inteligentes del futuro con nuestras voces una vez la humanidad corra su curso natural y muera? ¿Cómo los chantajearemos para que nos recuerden?

Según la ley de la conservación de la información en el universo, todo lo que pasa deja huellas materiales y narrativas que teoréticamente nos permitirían reconstruir cada detalle de lo que jamás ha sucedido. En los cuentos de Desenlace. Cuentos de fantasmas, la última entrega de la obra narrativa de la escritora puertorriqueña Marta Aponte Alsina, hay unos seres del futuro que están muy interesados en reconstruir nuestras historias humanas. Para elles ya somos fantasmas, y los archivos que tienen de nuestra existencia están borrosos, roídos. Desde esta premisa engañosamente “futurista” o sci-fi, cada uno de los 5 cuentos que componen esta colección es la minuciosa exploración de un pasado preciso que insiste en resistir la gentrificación del mundo. Digo “engañosamente”, porque es obvio que Aponte Alsina nos está haciendo un truco con estos cuentos. Su poética es tradicionalmente contraria a la de los que insistimos en escribir el futuro. La mayor parte de la gran obra de esta narradora es una rigurosa investigación de nuestros pasados caribeños. El combustible de su máquina novelística es el archivo salado del Caribe. ¿Por qué, entonces, la narradora que mira al pasado, en este último libro, se voltea a saludar los seres del futuro, a los no natos, a los aliens, o las inteligencias artificiales o ya de plano a la prole que nos sobrevivirá, y cuyo futuro también está lleno de misterio? No importa contestar esta pregunta. Y no importa, porque según estos cuentos, esas mentes futuras, como la autora, también están muy preocupadas con las voces decrecientes de los muertos, también miran al pasado atónitas, preocupadas por lo que desaparece, por las diferencias que van enmudeciendo y asimilándose al imperio de lo igual. El tiempo mismo está siendo tan gentrificado como los barrios de Santurce. ¡Qué posición tan jodida es la de las que tienen que decidir qué se debe preservar y qué mejor dejar que desaparezca!

Me limito por el resto de esta reseña a compartir algunos detalles y citas de cada uno de los cinco cuentos para invitar a la lectura. Pero antes, un observación, como testigo o como lector de la obra completa de esta autora que incluye más de diez novelas entre las cuales se encuentra una suerte de trilogía experimental del gótico caribeño conformada por tres novelas largas (Sexto sueño (2007), La muerte feliz de William Carlos William (2015) y PR3 Aguirre (2018)), varios libros de cuentos y al menos dos compilaciones de ensayos. ¿Cómo comenzar a situar Desenlace en este enorme corpus narrativo? La tentación sería situarlo, como el título sugiere, como una conclusión. La pregunta ominosa ,“¿Ya?”, que cierra dos de los cinco cuentos (el cuento del medio y el cuento final), parecería sugerirnos que esto es un final, o que con este libro la narradora puertorriqueña se pregunta a sí misma, de una manera meta-literaria, si este libro es el final, si ya toca parar. Sin embargo, como además de lector empedernido, soy profesor de literatura, me parece que Desenlace, más que un final, sería un principio para los lectores valientes de las próximas generaciones que se atrevan a sumergirse en las profundidades góticas y barrocas de una de las obras literarias más ambiciosas y enloquecedoras del Caribe contemporáneo. A los que no han empezado a leer la obra de Aponte Alsina todavía, les sugeriría comenzar con estos cuentos, con este Desenlace, porque en estos cuentos la autora nos da la clave para entender la obsesión que está en el centro de su matriz narrativa, la obsesión por las voces que han vislumbrado, atónitas, tanto el horror como la querencia que se esconde en el precario archivo caribeño. En Desenlace, me apresuro a una hipótesis, Marta Aponte Alsina construye el punto de vista desde el cual leer su obra completa.

El primer cuento se titula, “Bonsai”. Los seres del funturo llegan al Santurce contemporáneo, donde un viejo viudo, ateo y jardinero, Maneco, que ahora es un cartero retirado, resiste la gentrificación de su barrio en su casita que se niega a vender. Recibe la visita, pues, de dos de estos seres que han recibido mensajes “universales” provenientes de esa misma casa, y que le advierten al viejo Maneco que “tiene muy abandonados a sus muertos” y que de eso “dependen ciertas circunstancias cósmicas” (13). Maneco los ve como locos mientras los dos seres de “la Casa de las Almas” le sirven de médiums espiritistas, hablándole de muertos cercanos a él, su hermano y su esposa. En la escena siguiente, un flashback a la muerte de su esposa, Maneco también le toca decidir qué hacer con el legado de sus muertos.

“Háblele -me dijo la enfermera. Abrí la boca y dejé que la lengua improvisara sin apelar a la razón. Le recité unos poemas de la poetisa amiga de mi papá. Hizo una mueca. Le dije que cuando volviera a casa encontraría geranios florecidos. Grito espantoso. Entonces le conté que el tamarindo cuajaba unas vainitas de tamaño de granos de arroz. Liberó dos lágrimas finas y dejó de respirar. Le cerré los ojos, estrellé contra el piso el vaso del agua con que había humedecido sus labios. Dejé que se pudrieran los geranios” (15).

El segundo cuento, “Corrientes”, sucede en las famosas librerías que recorren la calle Corrientes en Buenos Aires, donde viejos libreros y lectores, todavía (aunque menos) insisten tercamente en la forma del libro que hace 40 años nos habían dicho que ya estaba por desaparecer. De las librerías la narradora pasa a los famosos cafés de la ciudad, en cada esquina un personaje invisible con una historia, y cada historia viene con frases cómo estas dos: “era joven, nunca tendría más de 33 años” (34) y “a ver si dejamos de ser invisibles” (35). Buenos Aires, la ciudad de tantos fantasmas desparecidos, se resiste a su invisibilidad.

El tercer cuento, “La novela del Lower East Side” es el más alucinante y extraño. Tommy, otro de estos seres extraños del futuro fascinados con los “cuentos terrícolas”, se pasea por el espectro del Lower East Side rescatando historias del pasado para una máquina de relatos, un archivo deficiente del futuro.

“Presiento una invasión. El limbo donde estamos debe ser como un sembradío de arroz. Tommy piensa un poco en el símil, lo memoriza. Las metáforas del ciego a veces son caprichosas pero no hay que menospreciarlas. Toda la información es a la vez inútil e imprescindible, mientras en la máquina no se resuelvan del todo los protocolos del archivo” (45)

Tommy tiene un “vicio de construcción” y es un aprendiz de “guardián”. Algunas citas más de este cuento fascinante.

«Escribe como escribiían los humanos penúltimos, con artefactos que derramaban líquidos o manchaban el papel con rastros de carbón. Ha escrito mucho, tanto, pero no en materia sólida, sino en la arena de la sala. Esa arena tiene el olor del excrementicio de los gatos. Cuando el ciego no está entran por la escalera del incendio y se cagan y se mean en su playa” (45-46)

“Enriqueta ha visto muchas cosas porque es la única que disuena. Se sale de la línea. Es más de una. Quiere parecerse al tiempo sin cambiar, por eso no para de transformarse” (53)

“La tierra fue una gota de agua, un planeta menor al que se han consagrado demasiadas memorias. Una gota de agua es infinita. En una sola gota habitaban, en la tierra, infinitas amebas” (54)

“Ni si quiera soy en realidad un fantasma. Esta pila de libros que custodio no le interesa a nadie. Las palabras ya no son moneda circundante”(56)

Y mientras Tommy va visitando cuadra por cuadra a los fantasmas del Lower East Side, el único guardián de sus historias, cansado, él mismo olvidado, preguntándose por qué guarda estas voces, el cuento termina con la fatídica cita, “¿Ya?” (57).

El cuarto cuento es “La novela del mallorquín” y acá tenemos una lectora que lee una novela mala del siglo 19 en una librería con café, pero como no puede comprarla, se va y se imagina el resto de la novela. La manera en que la lectora va reconstruyendo la historia de la novela que no terminó de leer se convierte en una clave de lectura, como cuando nos dice,“unas historias se entrelazan con otras como los afluentes que alimentan los ríos sin darse prisa por llegar al mar” (60). Casi como sinos estuviera hablando a nosotres, a los reseñistas, la narradora nos dice que “no le interesan las reseñas de libros” (67), no le interesa el registro o el archivo. ¿Pero cómo puede ser esto? ¿De todes lxs escritores boricuas como puede ser esta la que de pronto se pregunta por dejar que todo se pierda? Creo que encuentro el inicio de una respuesta a mi deseperación en esta cita, “el fin del mundo no figura en los planes de las ardillas” (63). Luego los personajes de la novela desleída que la narradora se imagina se apropian de la voz de la narradora, todos convertidos en un mismo personaje, borrándose en libros apilados en Washington Square.

El último cuento se titula, apropiadamente, “Desenlace”, y cuenta la historia de una hija que vuelve de Estados Unidos a Puerto Rico a tomar decisiones sobre la herencia que le ha dejado su madre muerte, una escritora de culto puertorriqueña quien, entre otras cosas, le hereda pilas de manuscritos inéditos a su hija distanciada.

“¿en qué momento decidió la forma final de su descanso?”76

La madre escritora, nos dice la narradora, tenía “una extraña tendencia a la ciencia ficción”. Los dejo con una cita larga que es la última página del cuento y del libro en el que la hija, al igual que los otros protagonistas de los cinco cuentos (¿y los lectores?), tiene que tomar una decisión sobre el insoportable legado monumental de su madre: ¿la preservación o el olvido? Pero antes de dejarlos con esta última cita, una nota más bien personal. La manera en que esta narradora ha construido su inmensa obra, al margen del mercado y en empedernido rechazo a la maquinaria capitalista y supremacista colonial (¡es la misma!), es un modelo a seguir para las próximas generacions de escritores y artistas en Puerto Rico. No hay ningún lamento borincano en mis palabras aquí. Lo contrario. La obra de esta autora que rivaliza la de cualquier narrador contemporáneo en nuestra lengua es prueba de que ya tenemos todo lo que nos hace falta. Sin publicistas, sin multinacionales, sin agentes, sin democracia, sin estado, asediados por imperios y en una precaridad insoportable, rodeados de muertos y en perpetua crisis colonial, sin todo lo que nos quitan, a nuestra manera, en nuestras formas, aún así tenemos todo lo que necesitamos para crear hechizos, artefactos que encanten otros seres con nuestro arte. Y es que tal vez, en el mundo colonial, el alcance de nuestra voz siempre ha sido fantasmal. Ese es nuestro poder y nuestro alcance en el tiempo de la especie. Siempre lo ha sido. Allí mismo en el Caribe donde comenzó la modernidad, se cocinan fantasmas que poseen los futuros. Nuestros enemigos podrán acabar con la humanidad misma y aún después se escucharán voces. Nuestro debate no es con los enemigos, sino con las inteligencias del futuro que tendrán que hacerse la pregunta: ¿Ya?.

“Vacila entre quemarlos [los manuscritos] o dejarlos al descuido de la brisa, de las cucarachas, de las salamandras, respetándoles la muerte lenta. Tampoco sabe si huir o recogerse, guareciéndose en la presencia familiar. No cerrar los ojos, no quedarse dormida antes del amanecer. Despertar a plena luz, sacudirse la ropa, peinarse, añadir otra capa de maquillaje a la cara sucia. Llevarse las tres versiones del cuento que no le disgusta tanto y preguntarse por qué no le disgusta. Pisar la sala con los ojos fijos en la puerta abierta para no ver las caras que deja atrás, bajar por el camino de la entrada con sus montoncitos de jardines en grietas. Abandonar el pueblo. ¿Guardar las páginas sin numerar en un rincón del apartamento propio , familiarizarse con ellas, memorizarlas, desarmarlas de tanto repetirlas? Domesticarlas en la esfera del trabajo incesante, del teléfono móvil abierto al mundo. ¿Enmarcarlas y decorar con ellas las paredes del baño? Leer los pasajes menos locos en el programa radial de Herman Monster? Publicarlas, acreditarlas a su madre. ¿Burlarse de ellas, o encariñarse con ellas, hasta que una criatura propia expulsada de un vientre de alquiler, ocupe el vacío de las páginas llenas?

¿Ya?” (89)

Luis Othoniel Rosa (Bayamón, 1985) es el autor de las novelas Otra vez me alejo (Argentina: Enropía 2012; Puerto Rico: Isla Negra, 2013) y Caja de fractales (Argentina: Entropía, 2017; Puerto Rico: La Secta de los Perros, 2018). La última fue traducida al inglés como Down with Gargamel! por el poeta Noel Black (USA: Argos Books, 2020). También es autor del estudio Comienzos para una estética anarquista: Borges con Macedonio (Chile: Cuarto Propio, 2016; Argentina: Corregidor, 2020). Para El Roommate ha reseñado libros de Michelle ClaytonRaúl AnteloLorenzo García VegaMargarita PintadoRafael Acevedo,  Mar Gómez,  Isabel Cadenas Cañón,  Romina Paula,  Mara Pastor, Julio Meza Díaz,  Sergio ChejfecBalam RodrigoJuan Carlos Quiñones (Bruno Soreno)Sebastián Martínez Daniell, Colectivo Simbiosis Cultural y Colectivo Situaciones,  Margarita Pintado (¡otra vez!), Ricardo Piglia  , Francisco ÁngelesJulio PrietoJulio Ramos, Federico Galende, Julio Prieto  (¡otra vez!), Áurea María SotomayorNoel Black,  Marta Aponte Alsina (varios que se pueden encontrar en este Dossier), Naomi KleinMara Pastor (otra vez) y Nicole Cecilia Delgado.

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