Luis Othoniel Rosa reseña ‘Antes que isla es volcán/Before Island is Volcano’ de Raquel Salas Rivera (Puerto Rico)

Los espejismos de Raquel

 

Raquel Salas Rivera. Antes que isla es volcán / Before Island is Volcano. Boston: Beacon Press, 2022.

 

“los enemigos afilan nuestra tristeza
y la entierran en nuestras ganas de luchar.”
Raquel Salas Rivera

0.

La poesía está cansada. Su alarde volcánico es un truco para confundir al enemigo. Similar al pez globo que se agranda, o a las diatomeas de la bahía luminiscente que brillan grande para intimidar a sus depredadores, la poesía, agotada de tanta lucha, en este poemario, recurre a ilusiones ópticas. Disimula su herida de muerte multiplicándose en espejos, sumando instancias de dolores reales o mitológicos de otres, juntándose para parecer legión, disimulando la soledad con la matemática (y ya sabemos que la soledad es una enfermedad colectiva). La poesía está agotada de dar la lucha, “sus palabras cansan”, y el cansancio rompe en pedacitos lo que nos identifica (“el cansancio rompió mi cara”). Raquel Salas Rivera, ya lo sabíamos, es un poeta del cálculo, de la traducción y la hiperempatía. Pero en este poemario hay una ecuación que no termina de cuadrar. Sabe que la suma de las partes es insuficiente, y aún así, sigue sumando. Desesperadamente. Por más que encontremos denominadores comunes en el mar de opresiones, las cadenas siguen bien puestas.

Calibán a Ariel 
me encadenaste para liberarte
de un amo en común
y todavía piensas
que yo soy el caníbal”

1. Reseña

Antes que isla es volcán es el octavo poemario de uno de los poetas puertorriqueños jóvenes más prodigiosos de los últimos años. Como el título lo sugiere, es un poemario que vuelve al pasado, al antes, para buscar allí la potencia y la osadía subterránea que pudiera romper con el estático presente, el status quo de una isla a veces metafórica, a veces brutalmente material. El lector despistado leerá, no incorrectamente, a esa isla como Puerto Rico en su presente colonial. Pero eso que llamamos “Puerto Rico” en este poemario (quizás en todos los libros del autor, aunque sólo ahora nos percatamos) funciona como una metáfora para otra cosa, que no porque sea otra cosa significa que no está relacionada con esa colonia caribeña. “la independencia / (de Puerto Rico)”, así se titula una serie de poemas en el medio del libro, sugiriendo con el paréntesis ya un quiebre, como si el independentismo que se busca no es uno limitado al nacionalismo al que alude el paréntesis aislado. Es un independentismo a la vez más micro (“en diminutivo nos sobrevivo”) y más enorme (“Calibán a la tempestad /dependes del viento. / dependes del humor azaroso del mar. / tiránico, mandas desde tu dependencia”). Acá está el truco del libro. La especificidad de la agotante situación colonial de Puerto Rico se convierte en el espejo donde rebotan y se multiplican un montón de escalas opresivas, grandes y chiquitas. La lectora verá sus dolores en el espejo del poema (“vivimos bajo el fascismo. / ¿crees que puedes evitar el dolor?”). Cuando leemos,

los muertos están en la lluvia
y, los vivos, en las islas encadenadas” (51)

la hermosura de los versos no deja de esconder el dolor compartido entre la lectora y los poemas. En la multiplicación y suma de dolores se encuentra una estrategia contra el cansancio. Una estrategia necesaria (sumar) pero también insuficiente (la suma de las partes no consigue un todo).

Y luego está el horror. Lo gótico se pasea por estos poemas como un “terror redondo”, una crueldad normalizada, los niños en las escuelas borrando los nombres de los asesinos de sus nietos, espejos rotos por todas partes, que, abominables, nos hacen ver demasiados dolores, más de los que son soportables. Por momentos el poemario intenta conjurar una postura desafiante ante el horror (“qué increíble el dolor si es hermoso” y “no son ruidos son canciones”), y hacer la paz con el terror gótico. Pero esto también es de una convicción dudosa en el poemario. Si lo leemos con cuidado, este poemario es un poemario sobre convicciones dudosas, y ahí está su genialidad hiperempática.

Antes que isla es volcán está dividido en cuatro partes, cada una conteniendo una serie de poemas que repiten motivos recurrentes, que se hacen espejo. La primera parte, “Volcán”, tiene una serie de poemas sobre el derecho (al futuro, a la locura, etc…). La segunda parte, “Isla” contiene una serie que nos pareció la más deliciosa, de mensajes de Calibán a los otros personajes de La Tempestad de Shakespeare. La tercera parte, “la independencia / (de puerto rico), ¡un multiverso!” contiene una serie de poemas del mismo título, y la última, “Mar del poema” incluye una rescritura de un famoso poema de Martí y cierra el libro con un poema breve y brutal a Alexa, personaje del que hablaremos ya mismo.

La voz poética en este poemario, que constantemente se habla a sí misma en segunda persona, se desdobla y se ataca con preguntas a veces crueles, también con frecuencia vuelve a un “nosotros”. Como que la identidad de ese yo es lo que agota, y de pronto encuentra algo en los espejos, se desdobla y multiplica entre la segunda persona y la primera del plural masculino. Si esto fuera un artículo académico, nos enfocaríamos más en esto porque es importante. El salto de la segunda a la primera del plural masculino contiene tantas contradicciones jugosas (porque en la poesía la contradicción es una virtud). Un amigo trans me decía un dato que sé muy bien, pero que sólo al escucharlo en la voz de él, dejó de ser un saber y se convirtió en un afecto: la expectativa de vida de una persona transgénero en el Caribe es de 35 años. El autor de este libro ya tiene 37 años, al menos su voz poética, parece estar tremendamente conciente de este dato. En cada verso se siente la amenza de muerte, pero también la terca rebeldía de otros futuros: a la vez un amargo cuestionamiento, a veces cínico, en la segunda persona, y la afirmación de una suma de dolores en un “nosotres”

“tenderemos que  luchar
y sabes que, tras la lucha,
no nos queda lucha.
ellos enviarán a nuevas naciones para matarnos
y, entonces, ¿qué ofrecerás?
¿tu bandera y tu orgullo?

no quedarás relegado al olvido?
¿tus restos no se hundirán en la tierra 
como huesos de taíno?” 45

Estos versos están particularmente cabrones, ¿no?

Decíamos en el fragmento “0.” que hay una ecuación que no cuadra en el poemario; que por más que el poeta busca sumar y multiplicar por medio de espejos y espejismos para hacerse más grande, la suma de las partes es insuficiente. En los versos que siguen creo que se explicita este problema matemático.

“reunidos, los llantos no crean playa,
ni playas reunidas nos hacen isla.

juntadas, las furias no crean tormenta.
las chispas aisladas no dan pal fuego.

el poco a poco no llega a nada.

no es que no ame los detalles; en diminutivo nos sobrevivo,
pero juntos estamos solos” 49

Sí, la soledad es una enfermedad colectiva. El último poema del libro menciona el nombre de Neulisa Alexa Luciano Ruiz, sin explicar quién es esta mujer, invitando a la lectora a googolear. Y nos dice que, como deseándolo, el futuro será una casa de espejos y todos la reflejarán a ella. Estos son los espejismos de Raquel. Un truco, una treta (un holograma lo llamarían los zapatistas), una ilusión óptica para los que están tan agotados de luchar. “Dejaqueveas” cuando finalmente nos demos cuenta de la hermosura que se reproduce en esos espejismos.

“y en todo somos independientes
hasta en el hueco más colonizado del temor poroso;
hasta en la panadería más llena de periódicos de anuncios;
hasta en el acto corrosivo de decir que somos isla solamente
hasta eso lo hemos hecho mirándonos las caras,
juntando bloques de cemento,
armando los almacenes de los vecinos;'
hasta en la lejanía, hemos sido nosotros,
nosotros los que llegamos al correo
y enviamos latas y baterías.

no temas lo que ya conoces.
llevamos una vida temiéndonos
mientras nos roban extraños.
míranos bien.
¿no ves que somos
hermosura? (55)

Acá ya termina esta reseña. Lo que sigue son algunas ideas que fuimos pensando mientras leíamos, esa tormenta de ideas que produce la lectura atenta. Quisiera que este poemario se multiplicara en cientos de otros poemarios de otres poetas del futuro.

3. Gótico caribeño y nacionalismos

Decía en la reseña que el gótico se asoma en las páginas de este libro. En otros textos he escrito sobre la peculiaridad estética que es el gótico en el Caribe (una referencia acá sería el libro de Sandra Casanova Vizcaíno, El gótico transmigrado, y mis textos publicados, y un par por venir). Pero sólo ahora, leyendo este poemario, se me ocurre que hay una relación tremenda entre el gótico y los nacionalismos tanto de derecha como los de izquierda. En retrospectiva, ahora también pienso en el primer poemario de Salas Rivera, Caneca de anhelos turbios, que también recurre a motivos góticos. Y pensando en esto también pensaba en la gran narradora puertorriqueña Marta Aponte Alsina, que cruza el archivo caribeño con estéticas góticas y barrocas, sobre las que he escrito en otros textos. Uno de los poemas de este poemario que se titula, como otros, “la independencia / (de puerto rico)” comienza diciendo “ entré en un terror redondo, tierno y final. / era todos los que amé y se me fueron” y luego “entré a una torre horizontal” y ya hacia el final dice “fue el terror donde dudé del nombre puerto rico / y la palabra independiente”…. “no hubo monstruo que me reclamara darle vida / quedaban solo las palabras / puerto rico / independiente”. (Yo pensaba en “The Raven” de Poe mientras leía estas líneas, mi pareja Ingrid Robyn pensaba, con risa, en el “Viernes 13” de Vico C mientras se la leía).

¿Qué es lo que conecta al gótico con los nacionalismos, nos preguntamos? La misma etimología de la palabra “gótico” nos refiere a un proto-nacionalismo godo que se opone al imperio romano. No tenemos el tiempo aquí para teorizar esta relación. Bástenos decir lo siguiente. A mí la estética nacionalista me aburre y me parece conservadora al final del día. Pero en la noche gótica de autores como Raquel Salas Rivera o Marta Aponte Alsina, sus estéticas politizadas del nacionalismo sí que me atraen y atrapan. Tal vez es que lo gótico le da una potencia ancestral, más vieja que la modernidad, a ese invento moderno que llamamos “nación”: una potencia volcánica a la relación con un territorio.

3. Epígrafes

Los epígrafes en este poemario son tan brutalmente hermosos que nos obligan a pensarlos como una intervención. Creo que entre el epígrafe del poeta chileno, Raúl Zurita, y el epígrafe del intelectual martiniquense, Frantz Fanon, se podría condensar todo el poemario y un par de cosas más. Incluyo estos dos epígrafes en su totalidad abajo porque hablan por sí mismos (no incluyo los de Rubén Darío y de Shakespeare, aunque estén buenísimos). Sólo añado un dato curioso. El epígrafe de Fanon, en la parte del libro en español, está incluido en el original en francés. Pero en la parte del libro en inglés, Salas Rivera decide traducirlo al inglés. Es curiosa esa elección (dejarlo en francés en español, y traducirlo al inglés en la otra). En sus traducciones en sus libros bilingües, me parece, Salas Rivera tiende a ser un tanto condescendiente con el lector anglo. Asume que el lector anglo es empedernidamente monolingüe (¡tiene razón!), y también asume que es un lector o lectora menos sofisticado (no sé si tiene razón en esto, pero es una movida anti-colonial interesante que nos gusta). Por ejemplo, traduce “l’indigène” en el epígrafe de Fanon como “the colonized”, una traducción que es explicativa, que asume que el lector anglo no entendería la relación colonial de todo indigente o todo destituído. Estos detalles de traducción en sus libros nos fascinan. Haría falta un buen estudio académico de la poética de la traducción en Raquel Salas Rivera (cuya tesis doctoral en UPenn, dirigida por Julio Ramos, trata precisamente sobre una teoría de la traducción). Acá los epígrafes

“si sumáramos una a una las razones, casi inaudibles, mínimas, impensadas, que hacen que los más arrasados no se maten y que opten, segundo tras segundo, por seguir vivos, esa suma formaría la imagen del paraíso. allí estaría la mañana soleada, allí estaría volviendo de su trabajo el esposo destrozado, allí estaría la casa reconstruida, allí estaría la leche que no tuvo la madre para darle a su hijo moribundo, allí estaría el pan, la tibieza de la cama cuya colchón intacto se asoma entre los escombros”

Raúl Zurita

“la première chose que l’indigène apprend, c’esta à rester à sa place, à ne pas depasser les limites. C’est pourquoi les rêves de l’indigène sont des rêves musculaires, des rêves d’action, des rêves agressifs. Je rêve que je saute, que je nage, que je cours, que je grimpe. Je rêve que j’éclate de rire, que je franchis le fleuve d’une enjambée, que je suis poursuivi par des meutes de voitures qui ne me rattrapent jamais. Pendant la colonisation, le colonisé n’arrête pas de se libérer entre neuf heures du soir et six heures du matin.”

Frantz Fanon

4. El mandato identitario del mercado

“no soy profeta de la otredad” (16)

Hay dos estrategias comunes que usan las escritoras y escritores puertorriqueñas para que nos publiquen en los mercados literarios de nuestros colonizadores en España o Estados Unidos: borrar por completo la mancha del plátano y hacernos supuestamente universales, o, lo que es más común, convertir la mancha del plátano en un identitarismo de consumo para apaciguar el sentido de culpa del liberalismo blanco. Ante esta realidad del mercado literario de las metrópolis, sin embargo, hay escritoras y escritores brillantes que con tretas logran burlar estos mandatos del mercado e infiltrarse. Nos estimula la manera en que Salas Rivera trabaja alrededor de ese mandato identitario del mercado (creemos que su opuesto, igualmente brillante, es Carlos Fonseca y cómo lo hace con el mandato universalizante). Es decir, Salas Rivera le muestra a los gatekeepers de los mercados gringos un espejismo del identitarismo compulsorio que están buscando, y luego los clava con los vidrios rotos de una legión de tradiciones intelectuales que les demuestra su terrible ignorancia. En términos boxísticos, lo identitario (puertorriqueño, trans) es el jab, que prepara el camino para un recto de derecha que es una poética dura y más sofisticada que la de sus pares blancos, monolingües y monoculturales. Y es que he aquí una realidad de los escritores que vienen del Caribe o de otras regiones que han tenido que surgir del legado colonial; simplemente para existir como escritores, tenemos que trabajar el doble o hasta el triple que nuestros pares gringos, europeos o de las grandes ciudades latinoamericanas; tenemos que se capaces de fluir con naturalidad y sofisticación en múltiples tradiciones literarias e intelectuales simultáneamente, autotraducirnos no sólo en varias lenguas sino en varias culturas, y aún así luchar en la calle ante una realidad material que nos asedia. Es decir, no podemos ni dormir. Aún cuando soñamos estamos trabajando.

“el poeta defiende el derecho al futuro
y demanda su redistribución inmediata” (15)

5. Los espejos de Alexa

La crueldad, el abuso, la persecución, nos obligan, por necesidad, a recurrir a los espejos. Se dice que Alexa, antes de ser asesinada simplemente por ser mujer, el 24 de febrero de 2020 en el pueblo de Toa Baja en la colonia de Puerto Rico, siempre caminaba con un espejo retrovisor para ver si alguien la perseguía. Ese espejo retrovisor es un presagio tan cabrón y tan sensato. Caminar por la calle mirando tus espaldas a través de un espejo porque sabes que te odian, sabes que te vigilan, sabes que estás en peligro. Cuando Alexa se mira paranoicamente en su espejo retrovisor, está vigilando a los que la vigilan, un poder oculto, vasto, activo, vivo, sistémico, que conspira para matarla, y ella lo sabe. En febrero 24 del 2020, Alexa Negrón Luciano (también “Neulisa Alexa Luciano Ruiz”, porque su espejo tiene muchos nombres) fue brutalmente asesinada a balazos. Su muerte estremeció a la isla de Puerto Rico. Alexa era una joven trans, negra, que residía en la calle y que sufría de un serio síndrome de estrés postraumático tras una vida de abusos. A Alexa le falló el país completo, todas sus instituciones así como la ubicuidad del odio transfóbico, homofóbico, racista, clasista y contra la diversidad emocional e intelectual. La historia del siglo XXI no se puede entender sin estudiar el odio tan visceral como sistémico contra esta intersección comunidades, pero sobre todo contra la comunidad trans. A Alexa se le veía caminar por Toa Baja, Bayamón y Carolina, siempre con un espejo retrovisor en su mano, porque no conseguía tranquilizarse si no podía ver lo que pasaba a sus espaldas. Su paranoia, como atestiguan videos que luego circularon en las redes de hombres transfóbicos acosándola y amenazando con asesinarla sin ninguna provocación, no era una enfermedad de la mente, sino un justificado instinto de defensa. El día de su asesinato se la ve entrar a un baño de mujeres en un local de comida rápida en el que Alexa va a mirarse en el espejo y arreglar el pañuelo, cual hijab, que usaba para tapar su rabioso pelo pasa. Videos, fotos y comentarios transfóbicos en las redes sociales son evidencia que Alexa, cuando entra inofensivamente a ese baño, está siendo vigilada. La valentía de Alexa es de una inspiración tremenda, difícil de imaginar, si no fuera porque Alexa existió y sigue existiendo ahora como un ícono desafiante de lo ingobernable, una profeta de la rebeldía. Como nos decía el poeta y cronista chileno, Pedro Lemebel, en su “Manifiesto (hablo por mi diferencia)”: “ser pobre y maricón es peor. / Hay que ser ácido para soportarlo”. Es decir, cuando una subjetividad se afirma en la intersección de varias opresiones insoportables, tiene que convertirse en un personaje para sobrevivir. Alexa, con ese nombre que apropia del pedestre ensayo de inteligencia artificial de la compañía Amazon, es un personaje tremendo: caminando por la calle con su espejo retrovisor, su hijab, su maquillaje y su falda negra como de viuda, la imagen de su personaje se convierte en una bandera. La conversión en personaje no implica, en lo absoluto, que dejamos de ver a la persona en carne y hueso, que sufrió de tanto abuso, que fue matada, pero que también desafió la constitución de todos los poderes del presente.

En sus famosos e influyentes estudios sobre la paranoia, tanto Freud como Elías Canetti, estudian el “Caso Schreber”, y ambos llegan a la conclusión, por vías radicalmente diferentes, que la paranoia es el producto del narcicismo moderno. Llegaríamos a una conclusión diferente sobre la paranoia si la estudiáramos a través de Alexa, y no a través de aquel juez alemán proto-fascista. En vez de llegar a Narciso, podríamos llegar a Medusa, violada por Poseidón, maldecida por Atenea y matada por Perseo. Forzada a ver su propio rostro maldecido en un espejo y convertida en piedra.

La última página de Antes que isla es volcán, no cuenta nada de esto. Tan sólo incluye el nombre de Alexa y le exige a la lectora que haga su trabajo.

Luis Othoniel Rosa (Bayamón, Puerto Rico, 1985) es el autor de las novelas Otra vez me alejo (Argentina: Enropía 2012; Puerto Rico: Isla Negra, 2013) y Caja de fractales (Argentina: Entropía, 2017; Puerto Rico: La Secta de los Perros, 2018). La última fue traducida al inglés como Down with Gargamel! por el poeta Noel Black (USA: Argos Books, 2020). También es autor del estudio Comienzos para una estética anarquista: Borges con Macedonio (Chile: Cuarto Propio, 2016; Argentina: Corregidor, 2020). Estudió en la Universidad de Puerto Rico y se doctoró en Princeton. Es catedrático asociado de Estudios Étnicos y Literatura Latinoamericana en la Universidad de Nebraska. Para El Roommate ha reseñado libros de Michelle ClaytonRaúl AnteloLorenzo García VegaMargarita PintadoRafael Acevedo,  Mar Gómez,  Isabel Cadenas Cañón,  Romina Paula,  Mara Pastor, Julio Meza Díaz,  Sergio ChejfecBalam RodrigoJuan Carlos Quiñones (Bruno Soreno)Sebastián Martínez Daniell,Colectivo Simbiosis Cultural y Colectivo Situaciones,  Margarita Pintado (¡otra vez!), Ricardo Piglia  , Francisco ÁngelesJulio PrietoJulio Ramos,Federico Galende, Julio Prieto  (¡otra vez!), Áurea María SotomayorNoel Black, Marta Aponte Alsina (varios que se pueden encontrar en este Dossier), Naomi KleinMara Pastor (otra vez), Nicole Cecilia DelgadoCristina Rivera GarzaCarlos Fonseca, Luis Moreno Caballud y Margarita Pintado.

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